¿Sí podremos?

(Pbro. Diego Augusto Arcila Vélez)

Claro que vamos a poder. Pereira se ve triste, está devastada. Al pasar por el centro y los barrios afectados, se escucha la angustia de los comerciantes, de las familias que lo perdieron todo y no saben a dónde ir, de los grandes y pequeños empresarios que aún no encuentran el “camino”, y de los muchos desempleados que enfrentan, sin sustento, un hambre que no da espera y que aprieta cada vez más. Es una verdadera catástrofe humana, social y económica. Pereira se ha destacado por ser un pueblo pujante, su característica principal ha sido el civismo y entre todos se han construido grandes gestas que muy bien conocemos: el aeropuerto, la villa Olímpica, el Hospital San Jorge; nuestra plaza principal está engalanada con la imponente catedral y el Bolívar desnudo de Arenas Betancourt.

¿Tiene Pereira líderes capaces de enfrentar la crisis más grave desde su fundación? No se trata solo de los políticos, sino de la empresa privada, la academia y el “recio empuje” de instituciones y profesionales, quienes debemos trazar, con inteligencia, capacidad de gestión y celeridad, lo que podríamos llamar la refundación de nuestra Perla.  Se han estimado 10 billones de pesos para reconstruirla. Hoy, entre el aporte de la empresa privada y el anunciado “fondo milagro”, hay 2 billones; faltan 8. Queda mucho por hacer. Según el censo municipal -sin contar el departamental- son 47 mil las edificaciones afectadas y 117 mil las familias que quedaron con poco o nada. La magnitud de la tragedia no nos permite darle la espalda.

El cómo, desde el Gobierno Nacional, ya está definido: 30 billones de pesos para todos los departamentos y municipios afectados. Se trazaron estrategias a partir de las regalías del ACPM, se invitó al sector privado y se dio margen de endeudamiento a alcaldes y gobernadores. En nuestro caso, se nombró una gerente encargada de planear, vigilar y liderar la reconstrucción. El cómo es claro, aunque difícil; lo verdaderamente problemático, y que debe resolverse ya, es el cuándo, y, más importante aún, el cuánto hay disponible.

Esta emergencia no es solo de dar mercados: debemos pasar a la representatividad y a la exigencia frente al Gobierno Nacional. Hay que dejar de lado los intereses personales, políticos o simplemente egoístas. Este es un problema de todos; la historia de Pereira cambió. Nuestro bello río Otún, símbolo de la ciudad, seguirá corriendo, esperando con ligereza que surjan, hoy más que nunca, un Francisco Pereira y un padre Remigio Antonio Cañarte, que refunden la “Perla del Otún”. ¿Qué si podemos? Claro que podemos.

Adenda: rodeamos al alcalde de Pereira y al gobernador de Risaralda. Su trabajo y el de sus equipos, en esta primera etapa tras el terremoto, ha sido ágil, comprometido y humanitario.

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