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domingo, mayo 19, 2024

“Si el mal existe, Dios no existe”

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Se habla mucho del problema del mal. Se dice que es «la roca del ateísmo» y, de hecho, son bastantes las personas a las que se les hace difícil creer que pueda existir un Dios bueno del que haya brotado un mundo en el que el mal tiene tanto poder. Las preguntas se agolpan una tras otra: ¿Cómo puede quedar Dios pasivo ante tantas desgracias físicas y tragedias morales o ante la muerte cruenta de tantos inocentes? ¿Cómo puede permanecer mudo ante tantos crímenes y atropellos cometidos muchas veces por quienes se dicen sus amigos?

El problema de Dios frente al mal, del sufrimiento inocente e injusto, constituyen según Walter Kasper, un argumento existencialmente, mucho más fuerte contra la creencia en Dios que todos los argumentos basados en la teoría del conocimiento, en las ciencias, en la crítica de la religión y en cualquier tipo de razonamiento filosófico. Albert Camus solía decir que no se puede creer en un Dios que permite el sufrimiento de los inocentes.

Todas estas sentencias no son más que, un síntoma de nuestra dificultad con Dios que un argumento. Es por ello por lo que, Santo Tomas llegara a escribir que “si malum est, Deus est”. “Si el mal existe, Dios no existe”. O que el bueno de Job acabase frente a Dios sumido en una enorme perplejidad, en vez de admitir, sencillamente que no hay Dios.

Desde una perspectiva cristiana el problema del mal tiene sus puntos de difícil comprensión, como sucede siempre con las realidades complejas, y la del mal ciertamente lo es. Sin embargo, las demás explicaciones, que intentan resolver el problema negando a Dios o presentando el absurdo de la vida, son como un círculo cerrado de retornos incesantes, en el que lo único que puede hacer el hombre es soñar con escapar a la pesadilla del tiempo, liberándose de esta cárcel que gira sin tregua, arrastrada por los deseos y dolores humanos.

Como la ardilla que hace girar su jaula tanto más rápidamente cuanto más se agita para librarse de ella, el hombre que entiende así el mundo se pierde en el ciclo de la historia. Solo la revelación cristiana rompe el círculo, lo resquebraja de arriba abajo, lo transforma en una historia con sentido, en la que Dios está presente y conduce a los hombres a su salvación.

 

Padre Pacho

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