Por Àlvaro Rodrìguez Hernàndez
Con el Pastor – Ministro quedó demostrada la falta de amor y pertinencia por lo público.
No le creen a la majestad del poder. Muchos de ellos, sin fondo y preocupaciòn por darle plus a la gestión, a la administraciòn. Por lo que representa y exige desde lo ètico y lo político. Su valor por la Sociedad
Una actitud, que representa y, juzgo yo, de irresponsable y que no le hace bien alguno al ejercicio de la esfera de lo público. Estos cargos eran ocupados por buenas hojas de vida, pero ante todo con apego por hombres y mujeres probas, que eran historias de pulcritud. Que no se contentaban por estar en nòmina sino cumplir sus deberes legales, de forma eficiente e imparcial.
En lecciones para no copiar y que deben dejar múltiples enseñanzas y que mínimo debió censurarse y no alcahuetería.
Da grima de paso, el salvavidas lanzado – pero no pedido por el Procurador General – de señalar “que no estaba en ejercicio de funciones”.
La calamidad exige respeto por las victimas y no debe seguir graduando funcionarios `que suben como palma y bajan como coco”.
Que sin reato alguno creen que el borde lo público es la farra y pasan de soslayo sin interès, por el ejercicio de lo público, insistimos.
De eso si que hay en Pereira y Risaralda. Los relojeros de Palacio. Enquistados en Alcaldìas y tronos palaciegos que parecen espacios clandestinos y donde abunda el teléfono roto con el ciudadano y florece la soberbia. Que atienden al desprecio y desafìan al ciudadano. Se deben a ellos, a su considerado ego que les encanta con una visión descarada, de burla, desconsiderada y miope, haciéndole quite al buen gobierno que dicen representar
Que esa alerta, sea una campana que suene en los templos del poder y no corbatas o bufandas que la ciudadanìa corta como protesta de burócratas en el propio olimpo de sus perfumes y de sus presuntuoso paso por un Estado que no privilegia el interés general .
