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miércoles, abril 24, 2024

Sergio Cabrera, alias Raúl (1)

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LA CASA ESTÁ DETERIORADA

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Iván Tabares Marín

Columnista

Fausto Cabrera tenía trece años cuando en la Guerra Civil española (1936 – 1939) tuvo que soportar los bombardeos sobre Barcelona del ejército dirigido por el General Franco. Su familia hacía parte de la izquierda orientada por Stalin en una guerra contra la derecha apoyada por Mussolini y Adolfo Hitler. La guerra civil española fue un entrenamiento de naciones totalitarias para la Segunda Guerra Mundial, no una pelea por la democracia como siempre la presentó la publicidad marxista.

El asesinato de curas y monjas más la incineración de iglesias y monasterios por los “republicanos” desencadenaron la reacción de la derecha. Por una de esas ironías tan comunes de la historia, los españoles, que habían traído la iglesia católica a Colombia, decidieron en el siglo XX traer el marxismo para destruirla. A ello contribuyeron la familia de Fausto Cabrera en el EPL y los curas Domingo Laín y Manuel Pérez, entre otros, que vinieron a organizar el ELN.

Los Cabrera terminaron en Bogotá como refugiados de la Guerra Civil de su patria. Recuerdo los poemas que Fausto recitaba en la televisión colombiana, generalmente dedicados a poetas españoles de izquierda, incluidos algunos versos que Joan Manuel Serrat convertiría en canciones años más tarde: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Por eso, “Volver la vista atrás” es el título de la novela-biográfica publicada por Juan Gabriel Vásquez, en la que se inspira esta nota.

Los conflictos, que le provocaron en Bogotá a Fausto sus poemas y las obras de teatro revolucionario, lo llevaron a Medellín donde conoció a Luz Elena Cárdenas, la madre de Sergio, nacido en 1950, y de Marianella, en 1952.  En 1963, aprovechando un contrato de trabajo concedido como profesor de español, Fausto llevó a su familia a Pekín donde los niños participaron marginalmente en la Revolución Cultural de Mao Tse-Tung iniciada en 1966.

Como Fausto y Luz Elena decidieron regresar a Colombia sin sus hijos para vincularse a la guerrilla, la tutora le dijo a Sergio con el fin de disuadirlo de su participación en las protestas: “Eres un occidental que habla chino; eres una fuga de información con cara y ojos”. Los rasgos físicos de Sergio y su hermana ponían en peligro sus vidas en una revolución que satanizaba cualquier elemento de la cultura burguesa u occidental. Además, para el régimen comunista, ambos eran un riesgo porque podrían divulgar lo que habían visto y aprendido en China. La paranoia y la clandestinidad siempre han hecha parte del proyecto de la lucha de clases antes y después de la toma del poder.

Aunque se les permitió trabajar en fábricas o asimilarse con los campesinos para aprender de ellos, la mayor parte del tiempo los occidentales vivían aislados en hoteles, hecho que produjo protestas y dudas en los niños Cabrera. Su adoctrinamiento en China duró seis años, antes de ingresar a la guerrilla del EPL con los alias de Raúl y Sol.

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