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viernes, junio 14, 2024

Sensaciones (III)

Es tendencia

“DESATANDO,

PEREIRA TIENE PAPÁ

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Héctor Tabares Vásquez
Columnista

Las circunstancias en las cuales nos encontramos, desde luego nada buenas, tampoco el acabose, conducen hacia senderos muy diferentes a la rutinaria y trajinada existencia. Y en ese pesado y escabroso recorrido, aparecen innumerables opiniones y conceptos, llenando el espacio de criterios válidos, de chatarra mental, de expresiones salidas de tono, en un concierto de emociones sin límite, donde cada quien quiere tener la razón y ser la solución.

Al margen de una especie de torre de Babel, se escurren de esas actitudes, algunos pormenores de singular significado y trascendencia, indudablemente un punto de apoyo, una alentadora noticia, el desarrollo de unos acontecimientos pintados de un modo diverso y en la tendencia de una identidad cultural de la calidad propia.

En medio de este maremágnum, junto a la tristeza que embarga a muchos hogares, de las angustias experimentadas en variados estratos y de toda la amargura vigente, levantándose al igual del ave Fénix un colectivo dispuesto a superarse. Indiscutiblemente, sigue siendo la impronta de un pueblo, el no perderse la creatividad, el ingenio, la chispa y el gracejo.

En un estado de ánimo de bajo nivel y de cierta zozobra, innegables durante estos períodos de crisis, la situación tiende a cambiar de escenario y de entorno, cuando empiezan a entrar mensajes de múltiples clases y matices, dándole un vuelco total a un clima social relativamente tranquilo y llevadero. Son aspectos imposibles de dejar entre el tintero y difíciles de olvidar, al surgir ellos en momentos de parecer sumirse en la desesperanza y en el ostracismo.

Fortunosamente, esa manera de encarar la tragedia, el accidente, el apuro, la desconsuelo, merece la relevancia y la importancia respectivas. No es posible eludir o negar la realidad y andar en la búsqueda de retruécanos y de excusas, intentando evadir la crudeza de una época enmarcada en la incapacidad de resolver una endemia o de enfrentar una caótica etapa de la historia. Empero, no es de recibo desestimar la postura de quienes han querido evitar el impasse personal o general, inventando, construyendo, elaborando materiales caricaturescos orientados a distraer, a mantener la mente ocupada en cosas completamente opuestas a las vivenciadas.

El fenómeno no es ajeno a la forma de comportarse del público, de la gente, de los ciudadanos. A pesar de todo, lo de nosotros es especial, nuestra constante, el talante, el estilo y la acrisolada inclinación a la agudeza, al alborozo, a torcerle el cuello a lo nefasto y las desgracias, ha sido el pan diario en un contexto cruzado por las armas, la violencia, el hambre y la miseria. Es el motivo para desviarse un poco de la verdadera naturaleza del mal en camino y en proceso, obviamente descartando la irresponsabilidad y la negligencia, en cuanto a la obligación de otorgarle el crédito y la contundencia a los sucesos cotidianos y a la inminencia del peligro absorbiendo un mundo inescrutable e incierto.

En los instantes de reflexión, al llegar la hora de sentar cabeza y de hacer un balance de los hechos, no queda otro remedio distinto al de acogerse a lo presente procurando tomar el asunto en su exacta dimensión, despojándonos del drama, de la gravedad y separando un pequeño lugar destinado a la sonrisa, al buen humor, al optimismo, disparado y lanzado como dardos, de los genios y los forjadores de la alegría temporal.

Es un escape, seguramente, una posición sacaculativa, al decir del vulgo ignaro y municipal, la pretensión va más allá de eso a efecto de reconocer un lado amable de la condición humana y de conferirle el mérito correspondiente a los autores de unas amenas interpretaciones de unos incidentes inequívocos, suficientes en el sentido de aislarnos de una atmósfera perjudicial.

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