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domingo, abril 21, 2024

SENSACIONES

Es tendencia

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Aquellas experimentadas una vez sucede un acontecer de la naturaleza de una pérdida de un ser humano, de una persona de la dimensión de quien compartió  quehaceres durante una buena parte de su vida. Uno observa, lo dicen, es posible haberlo vivenciado, sin embargo lo evidente y lo cierto de esto, es la lucha recóndita en vencer el sufrimiento y la soledad, ese debate entre el mundo exterior, el  que sigue y prosigue pese a lo ocurrido y aquel disfrutado y percibido, la parte interior llena de dolor, de tristeza, sola, abandonada y a merced de los mensajes y las voces de aliento familiares o amigas. Es curioso y resulta similarmente contradictorio, el  recorrer los sitios y rincones en esa compañía y advertirlo quizá hermosos, dignos de  admiración y asombro, en cambio ahora, no obstante hallarse ahí, a continuar siendo los mismos,  no es igual, no son aquellos antes apreciados, aunque estén en idéntico  paraje y lugar, fuera de variaciones, pero no aparecen, no figuran, la mirada se pierde en lontananza, los pasos automatizan el entorno y adormecen el cuerpo. Es sentirse vacío, es un morir viviendo, es la negación del individuo y el reinado de la nada, la penumbra del alma y el infierno del cuerpo en una pugna titánica y permanente. Es como si  quisiera llorar, desahogarse, gritar y esforzarse en lograr una señal, un signo, un algo insinuante de  ella, de su presencia.  No es extraño, empero es una realidad, el verse bajo tales condiciones de inferioridad ante los demás y  la existencia, en el sentido de mostrarnos indolentes a todo, de una tajante indiferencia hacia todos, a los otros, al más leve e insignificante suceso, un desapego absoluto de las cosas, de las necesidades, de las inclinaciones y total  lo anteriormente gozado, querido, anhelado o construido. Es el deseo inmenso de no perturbar el silencio y el homenaje, el duelo proyectado, el pensar o creer en un hacer , realizando el menor asomo de olvido, implicaría necesariamente la apatía o el no importar la ausencia, ansiando suplir el trago amargo en base a una semblanza de la categoría mencionada. Los intervalos en medio de un trasegar tranquilo y la zozobra e incertidumbre, es intercambiado por el llanto aflorando a borbotones a manera de bálsamo, de aliciente, dejando a las lágrimas cubrir el rostro y a través de ellas asumir  constituyen el paliativo y la mejor de las medicinas en esta pesadilla interminable. En algunos espacios surge la urgencia del recuerdo y de la nostalgia traducida en una canción y entra en escena el tango de Gardel: “Sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando, su boca que era mía ya no me besa  más…. Yo sé que ahora vendrán caras extrañas con su limosna de alivio a mi tormento, todo es mentira, mentira este lamento, hoy esta solo mi corazón”.

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