Pbro. Diego Augusto Arcila Vélez
Dice la historia que Jesús el Hijo de Dios volvió en 1181, en el siglo XII, a la ciudad umbra de Asís, al hogar de una familia acomodada, donde nació Francisco, un joven que parecía destinado a heredar la fortuna de su padre, un próspero comerciante de textiles. Sin embargo, aquel muchacho que tenía todo para triunfar decidió libremente hacerse amigo, hermano y discípulo de Jesús. Francisco lo dejó todo y se dedicó por completo a vivir y anunciar su mensaje. Su cercanía con los pobres fue tan profunda que poco a poco comenzaron a llamarlo en italiano “il poverello”, es decir, el pequeño pobre.
En 1209 fundó una orden mendicante dedicada a recorrer pueblos, aldeas y caminos, anunciando con sencillez el amor de Dios por todas las personas. Sus biógrafos cuentan que un día, después de una larga caminata por una aldea y al regresar al convento, su hermano Donaciano le dijo: “Francisco, caminamos tanto y no dijimos una sola palabra. Entonces el santo respondió: Hermano, con solo que nos hayan visto es suficiente; lo demás lo hace Dios”.
El legado de Francisco está profundamente unido a su llamado a la fraternidad universal, a la paz y al cuidado de la creación. Amó el agua, la tierra y los frutos que ella ofrece como un regalo del amor de Dios. Su célebre Cántico de las criaturas celebra al sol, la luna y a toda la naturaleza. Muchos jóvenes se sintieron atraídos por su ejemplo y lo siguieron para continuar ese espíritu de respeto por la vida. Su cercanía con los animales también se volvió legendaria. En el libro Las florecillas de San Francisco, relatos del siglo XIV, se narra que habló con un lobo que aterrorizaba la ciudad de Gubbio. Según la tradición, Francisco extendió su mano y el lobo ofreció su pata, sellando así un pacto de paz entre el hombre, la criatura y el pueblo.
En este año 2026, el pobrecillo de Asís cumple 800 años de su muerte, ocurrida en 1226, o “el tránsito” como es reconocida por algunos teólogos, considerando su pascua a la Vida Eterna. Por ello, el papa León XIV inauguró el diez de enero en Asís un Año Santo en su honor. Este jubileo incluye la exposición de sus restos en la basílica de Asís y la concesión de indulgencia para los fieles que se unan espiritualmente desde el mundo. En nuestra diócesis se realizó una apertura similar. El obispo monseñor Nelson Jair Cardona Ramírez abrió este año jubilar en la iglesia de San Francisco en el barrio Cuba. Allí se reunieron sacerdotes, hermanos y religiosas de varias comunidades que viven el carisma de Francisco y recuerdan que la paz, el amor a los pobres y el cuidado de la creación siguen siendo un mensaje actual para nuestro tiempo y generaciones futuras.
