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lunes, julio 15, 2024

RISARALDA Y LAS SOMBRAS DE SU NIÑEZ

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Por:  Fabio Castaño Molina

Iniciamos abril y ya está clara la programación que la alcaldía de Pereira desarrollará con motivo de la declaración que se hiciera algunos años de este cuarto mes del año, como el mes de los niños y la niñas.- Seguramente, que la gobernación de Risaralda, la Regional de Bienestar Familiar, la mayoría de los entes municipales  y otros entes del estado y del sector privado que velan por la garantía de los derechos de los niños, niñas y adolescentes, también tienen definidas acciones en torno a esta celebración que en la mayoría de los casos están orientadas a eventos recreativos de tipo cultural y artístico que buscan ante todo llevar un rato de esparcimiento a nuestra niñez. La verdad es que el panorama de nuestra infancia, como ocurre en muy buena parte de la nación, no goza de los derechos ni las garantías que Constitucionalmente están amparados como la salud, la educación, la alimentación, protección, entre otros.  Basta mencionar el triste panorama que afronta la salud mental de nuestros menores por factores como el abandono de muchos padres que tomaron la decisión de salir del país en busca de otras oportunidades o porque simplemente no asumen el rol que les impone la ley de responder por un derecho fundamental para sus hijos como es de la asistencia alimentaria. Salud mental permeada por la violencia que se enquistó en los entornos escolares hasta el punto de vivir una tragedia como la acaecida hace pocas semanas en un colegio de la Pereira, con el caso de un menor que la quitó la vida a su compañero de clase con un puñal por una simple discrepancia.   A lo anterior, sumar los altísimos índices de deserción escolar que tienen en apuros a muchos de los establecimientos educativos oficiales que han visto reducido hasta en un 30 por ciento el número de estudiantes matriculados para el presente año, poniendo en jaque el empleo de un gran número de docentes que no son necesarios ante el inmenso hueco que experimentan las aulas por esta situación.  La sombra que se cierne sobre nuestra niñez se torna más oscura aún con los reiterados casos de muertes que por desnutrición se vienen reportando desde la zona fronteriza con el Chocó afectando de manera grave a las comunidades indígenas de municipios como Pueblo Rico y Mistrató. A los negros nubarrones reseñados debemos agregar fenómenos como el de la mendicidad infantil que cada vez es más notoria en las calles de Pereira y Dosquebradas; la prostitución infantil es otro de los flagelos que aún no hemos podido erradicar en los entornos urbanos y no son pocos los casos de explotación laboral infantil con los que se vienen vulnerando los derechos de nuestros niños, niñas y adolescentes.  Una sociedad que no prioriza los derechos de su niñez, está condenando al abandono y al desarraigo a cientos de futuros ciudadanos que no tendrán ni siquiera la posibilidad de ver la luz al final del túnel de su existencia.

 

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