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miércoles, febrero 28, 2024

Riesgo conjurado y riesgo latente

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James Fonseca Morales

Columnista

El alcalde de Pereira, Juan Pablo Gallo, ha entregado a la ciudad el proyecto Nuevo Egoyá, que elimina un riesgo inminente, que le ha quitado el sueño a los gobiernos municipales, a los organismos de socorro y a los vecinos de la zona, desde que los destrozos causados por los terremotos de 1995 y 1999, hicieron evidente la inestabilidad del terreno en el sector de las carreras 11 y 12 con calles 21 a 25, formado, en buena parte, por un relleno de escombros y basura, compactado solo por el paso del tiempo.

Situación agravada porque por allí cruza el tramo 3 del colector Egoyá, de aguas sucias. Tramo que fue construido hace 70 años, sin hierro en su estructura y sepultado en el suelo de relleno referido.

Aplaudimos el empeño del alcalde en conjurarle este riesgo a la ciudad, pero conviene hacer algunas precisiones en torno a la obra y a las consecuencias de su ejecución.

El cauce natural de la quebrada Egoyá tenía una longitud de 4900 metros, desde la calle 4 con Avenida Circunvalar, donde hoy está el parque La Rebeca, hasta la actual calle 46, en el sector de Turín y desde 1930 el municipio comenzó a entubarlo y a enterrarlo, con materiales y métodos de cada época. Hoy solo quedan descubiertos los 300 metros finales.

Esa canalización está dividida en 4 tramos y de ellos el tramo 3, con unos 680 metros de extensión, que comienza en la calle 16 y va hasta la calle 22, serpenteando bajo las carreras 11 y 12; presenta un deterioro tan alarmante que, desde su interior, es posible ver la luz que se filtra por las grietas de la calle. La incapacidad hidráulica del conducto ha quedado descubierta en varios episodios recientes, cuando el agua superó su capacidad y salió por los sumideros.

La obra que entregó el alcalde es una nueva sección del colector, paralela al antiguo tramo 3, construida con las técnicas actuales y con capacidad para evacuar un volumen de agua que podría haber hecho colapsar el trayecto que reemplaza, con consecuencias que hubieran llegado hasta el derrumbe de las edificaciones aledañas.

Sin embargo, no se debe olvidar que, en la zona referida, el suelo seguirá siendo inestable y por ello, amplificador de las ondas sísmicas y que, dentro del relleno que lo forma, seguirá enterrado, aunque casi vacío, el conducto de estructura débil y muy averiado, que obligó a la nueva construcción.

Entonces reclamamos que, por la seguridad de la comunidad, las autoridades locales mantengan vigentes las actuales restricciones de altura y peso de las edificaciones, en la zona de influencia del antiguo tramo 3.

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