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domingo, mayo 26, 2024

REFLEXIONES PARA UN 9 DE ABRIL

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Neverg Londoño Arias

La historia de Colombia se encuentra marcada por grandes conflictos generados por la lucha por el poder, la apropiación de la tierra y la riqueza y las grandes desigualdades sociales. Realistas e Independistas se enfrentan en la Guerra de Independencia. En los conflictos posteriores se involucran Bolivarianos, Santanderistas, Centralistas, Federalistas, Abolicionistas, Esclavistas y la Iglesia Católica. “La guerra de los mil días” devasta a Colombia y repercute con la pérdida de Panamá en 1903. Los cincuenta años de la hegemonía conservadora terminan en 1930 en medio del desgaste institucional y el desconcierto de los colombianos de bien.

A la postre todo confluye en una guerra civil no declarada entre Liberales y Conservadores, que tiene lejanos comienzos y causas económicas de gran repercusión. Se ensayan soluciones parciales con la alternancia en el poder de los partidos tradicionales; pero aparecen nuevos conflictos y nuevos protagonistas que empiezan a tener vigencia en la vida social, política y económica del país: el narcotráfico, la guerrilla y el paramilitarismo. 

Son incontables las víctimas de la violencia en Colombia. En un alto porcentaje no alcanzan ni justicia ni reparación y en muchos casos ni un nombre. El 9 de Abril de 1948 el líder popular Jorge Eliécer Gaitán es asesinado para truncar su ascenso al poder. Su muerte aún reposa en los archivos de las investigaciones exhaustivas en medio de la impunidad y el olvido de los culpables como “causa finita”. En esta fecha y para un país olvidadizo y de ocultamientos, se ha determinado celebrar “El día Nacional de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas del Conflicto”, el conflicto actual. Para el efecto se pide pensar, entender y creer que la paz puede ser posible y que todo colombiano victima de la violencia merece ser escuchado y apoyado.

Escuchar al desplazado y entender sus condiciones de supervivencia en una tierra de asilo, a quien abandonó su parcela para salvar la vida; a niñas y niños, infortunadamente calificados como “máquinas de guerra” víctimas de la pobreza y el desamparo. A quienes viven la zozobra de los secuestros, las desapariciones y las amenazas constantes. A todos los actores del conflicto que en su nuevo amanecer pueden asegurar que la guerra es una insensatez. 

Se busca el cese a un conflicto que no tiene futuro prometedor. Un pacto entre combatientes, unas condiciones para cumplir por las partes enfrentadas. Un proceso de perdón y olvido. Un proceso de reparación y un poco de paz para que las generaciones futuras construyan un mejor país. 

 

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