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viernes, abril 12, 2024

Reflejo de la luz eterna

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Padre Pacho
Columnista

La sabiduría es múltiple, sutil, móvil, penetrante, inmaculada, lucida, bondadosa, aguda, invulnerable, firme, segura, vigilante, efluvio del poder divino, emanación de la gloria del omnipotente; reflejo de la luz eterna, todo lo puede sin cambiar en nada; la sabiduría un concepto distinto de la habilidad cognitiva, el arte para discernir la verdad y el ejercicio del buen juicio, más preciosa que las piedras preciosas, árbol de vida, y bienaventuranzas para quienes la poseen.

El texto sagrado intuye que todo poder y autoridad vienen de un ser superior y su ejercicio, está sometido a las directrices de la voluntad divina: se ejerce desde la justicia, de ahí que nadie puede utilizarla según su propio interés, beneficiándose a sí mismo o a sus más cercanos en detrimento de aquellos que no son valiosos, que no cuentan, que no pueden defenderse.

La sabiduría permite el buen gobierno de nuestra propia vida y un llamado apremiante para aquellos que tienen la posibilidad o la responsabilidad de ejercerla en bien de los demás. Por ello no deja de llamar la atención la idea que generalmente se tiene, que quien gobierna, es alguien que ya sabe, y porque sabe, ha logrado subir, escalar, hasta llegar al lugar que ocupa. Esto lleva a que quien alcanza un poder de mando, lo perciba como un logro y por tanto como un pago por toda su capacidad y esfuerzo que ha tenido para alcanzarlo. Este criterio lleva a quien gobierna, a convertir el acto de gobernar como un ejercicio de astucia, para ganar más poder y de codicia para acrecentar su propio pago.

El gobernante para la Sagrada Escritura, es ante todo un alumno, un discípulo de la eterna sabiduría, ya que gobernar no es escalar, sino ser elegido, ungido para gobernar, con pureza de intención, con lucidez de mente y no un mercenario, que toma lo que a alcanzado, como un botín, para su propio usufructo.

Salomón, pidió a Dios ante todo sabiduría necesaria para regir a su pueblo, al frente del cual se ve colocado: “Tú me hiciste rey, soy tan joven Señor, que no sé cómo serlo. Ayúdame a ver lo que es bueno y lo que no lo es. Quiero gobernar a tu pueblo como tú lo desees. Ayúdame a juzgar a tu pueblo sabiamente, ayúdame a diferenciar entre el bien y el mal”

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