Reconstruir no es solamente volver a la levantar lo que se cayó

Por:  Fabio Castaño Molina

El terremoto del pasado 10 de agosto dejó una profunda herida en la zona cafetera, el Chocó y el Valle del Cauca. Hoy, cuando comienza a superarse la emergencia inicial y se abre paso la etapa de reconstrucción, el desafío es monumental: no se trata únicamente de reparar viviendas, edificios, carreteras o instituciones educativas; se trata de reconstruir la tranquilidad, la confianza y el tejido social de miles de familias que lo perdieron casi todo en cuestión de segundos. Las cifras son estremecedoras para Risaralda: cerca de 56 mil familias afectadas, 109 personas fallecidas, 116 desaparecidas, 55.930 viviendas averiadas, 5.305 edificios afectados, 11.992 viviendas destruidas, 109 edificaciones colapsadas, 389 instituciones educativas afectadas y 144 vías comprometidas. Detrás de cada número existe una historia humana, un hogar, un negocio, una escuela, un proyecto de vida y una comunidad que hoy espera respuestas. En este escenario, Pereira y Risaralda con sus mandatarios a cabeza, están llamados a desempeñar un papel determinante. Nuestro departamento ha sido uno de los territorios más golpeados en su infraestructura física y en su tejido social, pero también ha demostrado una extraordinaria capacidad de solidaridad, organización y liderazgo. Pereira, por su ubicación estratégica, su capacidad empresarial, institucional y logística y su histórica vocación de servicio, debe convertirse en uno de los grandes centros de articulación de la reconstrucción regional. El reto que tiene ahora el presidente Gustavo de la Espriella es enorme. Según las primeras estimaciones del propio jefe de Estado, la reconstrucción podría representar para la Nación recursos cercanos a 30 billones de pesos. Será una de las mayores tareas de recuperación que haya enfrentado el país en décadas y, por ello, requerirá mucho más que recursos: necesitará planeación, coordinación, capacidad administrativa y, sobre todo, decisiones rápidas. En ese propósito surge el Fondo Milagro, bajo la conducción de Jaime Uribe Vélez, como una herramienta que puede contribuir significativamente a canalizar esfuerzos y recursos hacia quienes más los necesitan. También merece un reconocimiento especial el sector empresarial. Su respuesta ha sido maravillosa y demuestra, una vez más, que el empresariado puede ser un actor fundamental en la recuperación de un territorio. Y hay una palabra que no podemos olvidar: celeridad. Cada día que pasa significa una familia que continúa sin vivienda adecuada, un estudiante que no puede regresar normalmente a clases, una vía que permanece incomunicada o un comerciante que no logra recuperar su actividad. La burocracia no puede convertirse en una segunda tragedia para los damnificados. Pero la rapidez debe caminar de la mano con la transparencia. Los recursos de la reconstrucción tienen que llegar a quienes realmente los necesitan, sin intermediaciones indebidas, sin favoritismos y, especialmente, sin convertir la tragedia en escenario de intereses políticos o electorales. La reconstrucción debe estar por encima de cualquier partido, gobierno o aspiración personal. Porque reconstruir no es simplemente volver a levantar lo que cayó. Reconstruir es devolverle la esperanza a una región que, pese al dolor, se niega a dejarse vencer.

Artículo anterior
Artículo siguiente

Otras opiniones

- Advertisement -
- Advertisement -

Te puede interesar

- Advertisement -