Reconstruir la salud mental

Carlos Andrés Hernández

En Pereira no solo se han perdido vidas, bienes y empresas; muchos también hemos perdido la tranquilidad mental, la cual posiblemente de no ser tratada puede configurarse en patologías causadas por el trauma de los hechos ocurridos en el terremoto. Muchos tenemos temor de regresar a nuestras viviendas, muchas de estas permanecen solas y sombrías, se pueden ver las grandes edificaciones del centro, la circunvalar, pinares, Alamos, Alpes, providencia o centenario entre otras, solas y abandonadas. En la noche cuando pasamos por allí y todo esta oscuro y solitario nos preguntamos, ¿dónde están viviendo todos, acaso se han ido de la ciudad?. Muchos temores se han despertado después de haber vivido esta pesadilla, nuestras edificaciones así no tengan afectaciones estructurales, creemos que no serán capaces de aguantar otro suceso igual. Sentimos de manera paranoica que la tierra tiembla constantemente, esto nos ha generado ansiedad, trastorno del sueño y depresiones en algunos casos. Es de gran importancia el apoyo psicosocial por parte de los diferentes actores que intervienen en la salud mental como son el Estado, los gobiernos locales, las Eps y hospitales entre otros. Frente a lo sucedido, es imperante acciones preventivas y de acompañamiento psicosocial, donde según expertos se distinguen diferentes afectaciones mentales según el momento del desastre. El estudio sobre el terremoto de Pereira de 1999 lo explica así: en la fase de impacto (el primer mes) se manifiestan reacciones agudas ante la crisis; en la fase de postimpacto (los siguientes 6 meses) aparecen los fenómenos psicológicos reactivos crónicos, como síndromes depresivos, ansiosos, el trastorno de estrés postraumático, y una gran cantidad de signos y síntomas psicosomáticos. Los estudios sobre desastres de esta magnitud en Colombia muestran que hasta un 30% de las personas expuestas a este tipo de eventos pueden desarrollar un trastorno clínicamente definido, y hasta el 50% de quienes ya tenían un trastorno mental previo pueden entrar en crisis. La Organización Panamericana de la Salud maneja una cifra similar a nivel regional: en desastres de esta escala, entre un tercio y la mitad de la población expuesta presenta alguna manifestación psicológica. En el terremoto reciente, especialistas describen síntomas muy concretos: cuesta dormir, aparecen pesadillas, cualquier ruido sobresalta, las imágenes del evento regresan una y otra vez, y algunas personas sienten que todavía está temblando, sin que eso signifique necesariamente un trastorno, donde las principales reacciones emocionales verificadas son ansiedad y temor por repetición, que además afectan la vida cotidiana de los sobrevivientes, y que el miedo se cuela especialmente en la noche: dificultad para conciliar el sueño, pensamientos recurrentes y sensación de alerta constante. Un problema estructural que documentan los expertos es el desfase entre la necesidad y la respuesta: la atención de desastres sigue un orden de prioridades —primero las necesidades básicas, las heridas que comprometen la vida y el rescate de atrapados— y el trabajo fuerte de salud mental empieza semanas después, cuando baja la presión física y afloran las secuelas emocionales. Eso hace que la coordinación temprana sea clave, no un lujo. Por eso es importante intensificar las acciones y campañas inmediatas como Líneas de atención virtual y equipos desplazados a terreno, acompañamiento psicosocial gratuito, publicidad de prevención, seguimiento en comportamientos de la población adulta e infantil, los colegios son claves en esto. Un aspecto importante que dará mucha tranquilidad será la materialización de los subsidios prometidos por el Estado.

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