Reconstruir el Alma Segunda Parte

Padre Pacho

Pero recordar intelectualmente lo sucedido no es suficiente. También necesitamos revivir, permitir que el corazón hable. Hay personas que todavía no han llorado porque no han tenido tiempo para hacerlo. Tuvieron que sacar a sus familias, buscar dónde dormir, recuperar documentos, conseguir alimentos, salvar sus negocios, cuidar a sus hijos, ayudar a sus vecinos o sostener emocionalmente a quienes estaban a su alrededor. Muchas veces el ser humano sobrevive primero y siente después. Por eso pueden aparecer días o semanas más tarde el llanto, la rabia, la ansiedad, el miedo, la impotencia o un cansancio que parece inexplicable. Desde la psicología debemos comprender algo fundamental: sentir no es retroceder. Llorar no significa ser débil y tener miedo después de haber vivido algo aterrador no significa haber perdido la fe.

Después aparece uno de los procesos más delicados y necesarios: resignificar. Resignificar no significa afirmar que el terremoto fue bueno, ni intentar justificar el sufrimiento diciendo simplemente que “Dios quiso que sucediera”. Debemos ser especialmente cuidadosos con estas afirmaciones porque pueden terminar aumentando el dolor de quien sufre. Resignificar significa comenzar a preguntarnos qué vamos a hacer con aquello que nos ocurrió. No podemos cambiar el acontecimiento, pero podemos comenzar, poco a poco, a transformar la manera como ese acontecimiento habitará nuestra historia. La pregunta deja entonces de ser únicamente “¿por qué nos ocurrió esto?” y comienza lentamente a convertirse en otra: “¿Cómo vamos a vivir después de esto?” Allí la fe ofrece una luz extraordinaria. El cristianismo no anuncia un Dios que evita mágicamente todas las cruces, sino un Dios que entra en ellas, permanece junto al ser humano y acompaña su sufrimiento desde dentro.

El terremoto nos mostró brutalmente nuestra fragilidad, pero también reveló nuestra extraordinaria capacidad de solidaridad. Allí comienza la resignificación: cuando descubrimos que aquello que nos hirió profundamente no tiene necesariamente que destruirnos definitivamente.

Luego necesitamos ritualizar. Hay dolores para los cuales las palabras resultan insuficientes y entonces aparecen los símbolos. Las sociedades humanas siempre han necesitado rituales para atravesar los grandes acontecimientos de la existencia: nacimientos, despedidas, pérdidas, guerras, tragedias y muertes. Después de un desastre necesitamos lugares donde podamos hacer memoria. El ritual permite expresar exteriormente aquello que interiormente resulta difícil nombrar. Recordar pertenece a la memoria; revivir toca las emociones; resignificar compromete el espíritu; ritualizar permite que todo ello se convierta en experiencia comunitaria y de fe. Continuara… 

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