Carlos Andrés Hernández
Nunca pensamos, ni creímos que los pereiranos atravesaríamos una catástrofe como la que estamos viviendo hoy. El terremoto partió la historia de la ciudad al igual que el corazón de los pereiranos. Levantarnos de esto no va a ser fácil, muchos perdieron familiares, amigos, sus viviendas y fuentes de trabajo. Reconstruir a Pereira podría costar entre 10 a 15 billones de pesos, donde debemos contemplar dos elementos esenciales, como aprender de la historia y generar procesos de planificación de la ciudad para no seguir cometiendo errores del pasado. Por eso después de lo vivido y teniendo en cuenta el estado en que quedó la ciudad, se hace necesario que desde la administración municipal, en apoyo con muchas entidades, se replantee una modificación estructural y fundamental al plan de ordenamiento de la ciudad. La naturaleza nos demostró que estamos muy poco preparados para un evento como el ocurrido; y esto se debe a muchos factores. Es hora de revisar en el Plan de ordenamiento los asentamientos y construcciones que están cercanas o sobre zonas consideradas como micro sísmicas, especialmente aquellas que están cercanas a fallas, quebradas o afluentes como El Egoyá, la dulcera o la arenosa, las cuales recorren la ciudad de oriente a occidente. La primera surge desde el parque la Rebeca, baja por la carrera 12 y llega hasta el barrio nacederos, la segunda atraviesa sectores como pinares, Alpes, Alamos, Maraya, Avenida Belalcazar y Av de las Americas entre otros y la Arenosa atraviesa el suroriente de la ciudad. Estas zonas de riesgo deberían ser contempladas como corredores verdes o espacio público, no solamente para su cuidado y protección como fuentes hídricas de abastecimiento, sino también por el riesgo que representan en caso de ocurrencia de movimiento telúrico o de deslizamiento en masa al tener construcciones cercanas, las cuales tienen un riesgo mayor al presentarse cualquiera de estos eventos. Dichas zonas por vicios históricos en materia de planificación nunca deberían haber sido afectados con construcciones cercanas; el cerramiento y taponamiento de la quebrada egoyá es un error histórico que nos esta pasando factura en los terremotos que han sacudido a la ciudad, no existe control ni debida ejecución en lo que se planifica, ya que esto ha sido contemplado en Pots del pasado. Las curadurías otorgan permisos y licencias mediante resolución a diestra y siniestra y las autoridades no verifican por medio de seguimiento y control que las construcciones se hagan según los diseños aprobados en el lugar adecuado y las especificaciones técnicas sismo resistentes. Control físico del municipio a través de muchas administraciones tiene una gran responsabilidad en la catástrofe que ha acontecido, porque no ha ejercido el control necesario para determinar las condiciones constructivas y ubicación de los bienes licenciados; por eso encontramos edificaciones que colapsaron en este terremoto, las cuales no se construyeron en el lugar adecuado, haciéndolo cercano a fuentes hídricas, sin respetar el área de retiro y sin tener los materiales de calidad adecuados. Hay construcciones que tienen permiso de licencia para uno o dos niveles y terminan construyendo hasta 4 y 5 sin ningún control y sin los materiales que garanticen su seguridad, ¿dónde está el verdadero control político del Concejo de la ciudad?. Esta catástrofe acontecida debe hacer reflexionar a los pereiranos en materia de planeación, licenciamiento, control y seguimiento; de como a través de la resiliencia podemos construir una ciudad mas segura y amable para evitar o minimizar nuevas catástrofes.
