Adriana Vallejo
Las universidades de la región sintieron el interés genuino de colaboración por parte de la nueva ministra de Ciencia, Tecnología e Innovación, Claudia Benavides Salazar, quien visitó la semana pasada los campus universitarios para evaluar los daños en laboratorios y centros destinados a la investigación científica y tecnológica.
Recuperar la capacidad científica podría pensarse que no es una prioridad cuando hay tantas necesidades humanas por atender, sin embargo, hoy más que nunca se requiere que el conocimiento esté al servicio de quienes más lo necesitan. La ciencia tiene un lugar importante para contribuir a encontrar soluciones a todos los problemas que ha dejado el desastre.
Se necesita que los proyectos en curso puedan culminar, que vuelvan estar en marcha los laboratorios y los procesos de formación. Las afectaciones en todas las universidades son inmensas y el apoyo ofrecido por la ministra es fundamental para contribuir a la continuidad de los procesos de investigación en la región.
La recuperación después del sismo no debe concebirse únicamente como una tarea de reconstrucción física, sino como una oportunidad histórica para transformar la región mediante la ciencia, la tecnología y la innovación. La ciencia puede aportar a reducir la vulnerabilidad futura.
La experiencia japonesa demuestra que las universidades pueden convertirse en motores de resiliencia, productividad y desarrollo territorial sostenible, articulando conocimiento, empresa, Estado y sociedad para construir una región más competitiva, más productiva y mejor preparada para futuros riesgos, además la innovación puede acelerar la recuperación económica.
Por último, la reconstrucción inteligente basada en conocimiento puede apoyarse en proyectos de investigación aplicada utilizando la inteligencia artificial (IA) y la ciencia de datos para la recuperación social, económica y física. La IA representa para la región lo que la ingeniería sísmica representó para Japón después de su sismo. La reconstrucción del territorio no debe limitarse a recuperar lo perdido; puede orientarse a construir una región más inteligente, sostenible y resiliente frente a los desafíos del siglo XXI.
