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lunes, abril 22, 2024

Razón de la locura / Locura de la razón

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Gonzalo H. Vallejo A.

Columnista

Con este sugestivo libro escrito desde el hospital psiquiátrico de Tunja a finales de los años 70, se inauguró la era de la antipsiquiatría en Colombia. En dicho “manicomio” se abolieron los electrochoques y las camisas de fuerza y se implementaron terapias alternativas y dialógicas convirtiéndose en el primer sanatorio de puertas abiertas en América Latina. Una lectura crítica y metodológica de la realidad (cotidianonegación), tejida desde sus páginas, permitió a muchos intelectuales disidentes construir un movimiento contracultural y alterativo que se convirtió en trinchera y refugio para aquellos que, desde el exilio interior y el discurso pedagógico como arma cargada de futuro, han seguido (de – re) construyendo su praxis libertaria. Este título se convierte en “pretexto” para hablar de un bien preciado del que carecemos los colombianos: la salud mental.   

El Día Mundial de la Salud Mental se celebra cada 10 de octubre, desde el año 2002, en más de 100 países. Fue iniciativa de la Federación Mundial de la Salud apoyada por la OMS y la OPS sensibilizar al mundo sobre el impacto sociocultural y el crecimiento exponencial del trastorno mental. Estos organismos sostienen que 450 millones de personas padecen graves perturbaciones psíquicas; en un futuro próximo, una de cada 4 personas en el planeta, padecerá a lo largo de su vida algún tipo de trastorno o enfermedad mentales. Definida como un estado de bienestar integral donde el individuo, consciente de sus capacidades, afronta las tensiones propias de la vida cotidiana con espíritu crítico, creativo y productivo y contribuye, a su vez al crecimiento biopsicosocial de su comunidad, la salud mental es considerada hoy día como un imposible categórico.

La falta de una política pública clara y coherente sobre salud mental; la burocratización, corrupción, indolencia y venalidad estatales; enfoques reduccionistas del problema como aquel que considera que la depresión y las conductas suicidas (temática del año 2019), son un problema psiquiátrico y/o farmacológico, alejados del papel formativo y pedagógico que debe cumplir la familia y la escuela; la ausencia de una transdisciplinariedad y de un enfoque holístico de la salud mental donde los factores de riesgo psicosocial deberían ser conjurados a través de estrategias de intervención académicas, culturales y educativas… Todo ello ha contribuido a frivolizar el significado y la importancia comprensiva y dialéctica del trastorno mental. Sumidos pues en la ignorancia, jugamos de manera estulta y temeraria con los términos: paranoia, esquizofrenia, ansiedad, estrés, neurosis, locura.

Apuntalamos la abollada proa de esta reflexión experencial sobre la deficitaria salud mental de los colombianos con un célebre manifiesto del escritor alemán Hermann Hesse (“Demián”,1919 y “Siddharta”,1922), convertido en leitmotiv por los jóvenes de la época, inermes protagonistas de la primera hecatombe bélica del siglo XX: “¿Cómo no había yo de ser un lobo estepario y un pobre anacoreta en medio de un mundo, ninguno de cuyos fines y placeres comparto ni me llaman la atención? (…). Si estas diversiones en masa y estos individuos contentos con tan poco tienen razón, entonces soy yo el que no la tiene, entonces es verdad que estoy loco, entonces soy efectivamente el lobo estepario que tantas veces me he llamado, la bestia descarriada en un mundo que le es extraño e incomprensible y que ya no encuentra ni su hogar, ni su ambiente, ni su alimento”.

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