Adriana Vallejo
En los países afectados por los desastres naturales se suele medir los efectos de una tragedia por los daños visibles: viviendas afectadas, vías o infraestructura pública colapsada. Sin embargo, hay una consecuencia silenciosa que rara vez ocupa titulares y que puede tener efectos duraderos sobre el desarrollo regional: la interrupción de los proyectos educativos de cientos de jóvenes.
El terremoto del pasado 10 de agosto dejó a muchas familias del Eje Cafetero y del suroccidente colombiano enfrentando nuevas dificultades económicas. En este contexto, la decisión de incluir a la Universidad Libre Seccional Pereira como una de las cuatro instituciones priorizadas por el Fondo Solidario de Vamos Pa’lante 2026 constituye una respuesta concreta a uno de los mayores riesgos que surgen después de una emergencia: la deserción estudiantil.
La educación superior sigue enfrentando desafíos importantes en materia de permanencia. De acuerdo con el sistema SPADIES del Ministerio de Educación Nacional, la tasa de deserción anual en educación superior para 2024 se ubicó en 9,78%, lo que significa que miles de estudiantes interrumpen cada año su formación académica. Detrás de cada cifra existe una historia marcada por dificultades económicas, responsabilidades familiares o eventos imprevistos que obligan a posponer o abandonar un proyecto de vida.
Por eso iniciativas como Vamos Pa’lante tienen un valor que trasciende la ayuda financiera. Desde 2018, esta alianza liderada por Caracol Radio y la Universidad de los Andes ha demostrado que la solidaridad también puede convertirse en política efectiva de permanencia estudiantil. En el año 2025 logró recaudar más de 11.100 millones de pesos y benefició a más de 1.200 jóvenes en todo el país. Para el 2026 se ha propuesto apoyar a 500 estudiantes afectados por el sismo y recaudar 10.000 millones de pesos.
Risaralda, Caldas, Quindío y Valle del Cauca comparten una convicción: la educación es el principal motor de movilidad social y competitividad regional. Cuando un estudiante abandona la universidad, no solo pierde la persona sino también el territorio.
La reconstrucción después del sismo depende también de mantener abiertos los salones de clase. Cada estudiante que permanece en la universidad es una señal de esperanza y una inversión en el futuro colectivo. La solidaridad puede transformar vidas.
