Pruebas PISA y las debilidades de la educación

Por: Rodrigo Tabares Ruiz

Los resultados de las pruebas PISA 2025 vuelven a ponerle un espejo incómodo a Colombia. El país quedó por debajo de Chile y Uruguay y, aunque superó a Argentina, República Dominicana y Perú, la comparación no debería servirnos para celebrar. Cuando se trata de educación, estar por encima de otros no significa estar bien. Significa, apenas, que otros están peor.

 

El retroceso de los estudiantes colombianos de 15 años en matemáticas y lectura es una señal de alarma. Ciencias, la única área que mejoró, demuestra que avanzar es posible, pero también confirma que no podemos conformarnos con resultados mediocres. PISA no mide toda la realidad educativa, pero sí ofrece una fotografía internacional que no podemos ignorar.

 

Durante años el énfasis ha estado en la cobertura relegando la calidad. Llevar más niños a las aulas es indispensable, pero no suficiente. Colombia requiere políticas educativas de largo plazo, no reformas improvisadas al ritmo de cada gobierno. Y, sobre todo, necesita que la educación deje de ser un escenario de cuotas políticas. Quienes dirigen el Ministerio de Educación deberían conocer profundamente la academia, la escuela, la investigación y las realidades de maestros y estudiantes.

 

La pandemia profundizó problemas que ya existían: desigualdad entre el campo y la ciudad, diferencias entre la educación pública y privada, brechas digitales, dificultades de acceso y permanencia, y carencias de infraestructura y recursos. A esto se suman problemas de gestión y corrupción que terminan pagando los estudiantes.

 

En esta medición, el retroceso en lectura resulta relevante porque la comprensión lectora es una de las competencias que atraviesa buena parte del aprendizaje escolar. Leer mejora la comprensión, el pensamiento crítico, ayuda en la formación de ciudadanos informados y abre puertas al conocimiento. 

 

En otras palabras, estamos perdiendo el hábito de leer. La irrupción masiva de smartphones y redes sociales en adolescentes ha disminuido severamente la capacidad de lectura profunda y concentración prolongada. Así mismo, la delegación temprana de tareas completas a la IA sin el debido filtro crítico está sustituyendo el proceso de razonamiento y aprendizaje real.

 

Es necesario mejorar el trabajo desde la educación básica, no solo en relación con las competencias lingüísticas; sino en lo que tiene que ver con el pensamiento lógico-matemático, las ciencias y el dominio de una segunda lengua, las cuales les abrirán a los estudiantes las puertas del éxito académico en los siguientes niveles educativos y, de seguro, de su vida laboral. No se trata solamente de subir posiciones en una tabla internacional. Se trata de formar ciudadanos capaces de comprender el mundo y transformarlo.

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