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lunes, febrero 26, 2024

Proclama de la vida nueva

Es tendencia

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Gonzalo H. Vallejo A.

Columnista

El nuevo año llegará convulso y desordenado; joven, pugnante y febril; pletórico de promesas, ilusiones y proyectos. Ha terminado un ciclo y comienza otro que, con ansioso denuedo, nos aprestamos a hacerlo nuestro. Expectantes, avizoramos ese inconmensurable piélago de posibilidades que compartiremos como seres integrales, dando lo que somos y tenemos y reconociéndonos como puente, camino y frontera desde el exuberante y enriquecedor mundo de la otredad. Asumimos la vocería de todos aquellos que, desde el anonimato y el paroxismo de su mudez, hacen votos porque los vientos de cambio que siempre arrecian con el nuevo año, traigan desarrollo, bienestar y progreso; porque en los días que se aproximan y que hoy, desde la atalaya de las horas mustias, los contemplamos con sigilo, se cultive el esfuerzo y se cosechen regocijantes realidades.

Porque trabajemos arduamente para mejorar nuestra casa y nuestro entorno ambiental y ciudadano y con ese ideario ecoeficiente, alejemos nuestros miedos y tengamos la fuerza suficiente para querer y creer lo que hacemos. Desde la única complicidad que aceptamos, aquella que conspira contra el desengaño y la adversidad, deseamos que una renovada y liberadora pedagogía crítica, disruptiva, creativa y asertiva, basada en el servicio, el liderazgo, la tolerancia y la paz, sea en el nuevo año la esencialidad teleológica de una educación humanista, asuntiva, responsable, comprometida y potencializadora, hastiada de violencia, ávida de verdad y sedienta de libertad. El despliegue de competencias socio – emocionales y energías vitales suficientes, harán del nuevo año una dimensión espacio – temporal, un haz refulgente de compromisos, definiciones, sueños, retos y esperanzas…

Al terminar este año, la invitación expresa es a hacer una pausa y mirarnos de pies a cabeza; observar nuestras manos, pies, ojos y oídos; detenernos un instante y pensar qué podríamos haber hecho sin ellos; caminar, tocar, reír. ver y sentir… Es hora entonces de agradecer al Dios de la vida por todos estos dones invalorados. Nos acompañan como en aquellos aciagos días, los animosos versos del gurú hindú Paramahansa Yogananda, pionero de la meditación en Occidente: “He aquí que el Año Nuevo se levanta ya y murmura: / ¡despierta tú conmigo! ¡oh espíritu que en la sepultura / de los hábitos, indolente te has dormido! / Un nuevo esfuerzo inicia, ferviente y entusiasta. / Tu constante enemigo, el karma aún te acosa: / ¡no abandones las armas hasta haberlo vencido! / ¡Que nada te contenga ya más, amigo mío / hasta haber conquistado la libertad eterna!”.

Evocamos la sabia y milenaria oración por la vida y la gracia con la cual los egipcios recibían exultantes el nuevo año que coincidía con la época de las cosechas: “(…) que la ceguera y la impotencia se aparten de nosotros; que conozcamos la dicha de servirle a los nuestros y que lo que plantamos con fe y empeño produzca fruto y bienestar; que la paz gobierne el mundo y la prosperidad reine en nuestra nación”. No podría faltar aquí, el brindis druida, salvífico y ancestral: “Que en el nuevo año extendamos la mano para ofrecerla en amistad, nunca para pedirla en limosna”. El imperativo del nuevo año viene con toda su carga taxativa: o nos dedicamos a construir el mundo que anhelamos y a forjarlo con espíritu resiliente y perseverante, o permaneceremos sin remedio y pro tempore en la congoja, el resentimiento y la apatía. Esta es nuestra mejor oportunidad… No hay otra. Sólo tenemos una mente abierta y nuestras manos. ¡Ha llegado el momento!

gonzalohugova@hotmail.com

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