Liliana Ibarra Galviz
Hay momentos en la historia de un país en los que votar deja de ser un simple derecho para convertirse en un acto de conciencia. Creo que Colombia está viviendo uno de esos momentos.
Como millones de colombianos, he visto cómo la incertidumbre se instala en las conversaciones de las familias, cómo muchos jóvenes dudan de su futuro, cómo empresarios y trabajadores enfrentan dificultades para salir adelante y cómo la inseguridad ha vuelto a ocupar espacios que nunca debieron perderse. He escuchado el cansancio de quienes sienten que el país avanza sin rumbo y que las instituciones se alejan cada vez más de las necesidades de la gente.
Por eso he decidido apoyar a Abelardo de la Espriella. No porque crea en salvadores ni porque piense que una sola persona puede resolver todos los problemas de Colombia. Lo hago porque encuentro en su discurso una voz que habla sin ambigüedades sobre la necesidad de recuperar el orden, la autoridad legítima del Estado y el orgullo de ser colombianos.
Quiero un país donde los ciudadanos honestos no tengan miedo, donde trabajar valga la pena, donde emprender no sea una carrera de obstáculos y donde las futuras generaciones encuentren oportunidades sin tener que buscar sus sueños lejos de su tierra. Quiero una Colombia que vuelva a creer en sí misma.
Mi voto también nace de la esperanza. La esperanza de que podamos superar la polarización que nos ha dividido durante años; de que volvamos a encontrarnos alrededor de valores comunes como el respeto, el esfuerzo, la legalidad y el amor por nuestra nación. La esperanza de que Colombia vuelva a ser noticia por su talento, su capacidad de trabajo y la grandeza de su gente.
Sé que habrá quienes piensen diferente y respeto profundamente sus posiciones. La democracia se fortalece precisamente cuando podemos expresar nuestras ideas con libertad. Pero después de reflexionar, escuchar y analizar, considero que Abelardo de la Espriella representa una alternativa que interpreta muchas de las preocupaciones y anhelos que hoy comparten millones de colombianos. Votaré por él porque creo que Colombia merece recuperar la confianza. Porque me niego a resignarme al pesimismo. Porque amo profundamente este país y porque sigo creyendo que tenemos la capacidad de construir un futuro mejor.
Mi voto será, ante todo, un voto de esperanza por Colombia.
