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miércoles, julio 24, 2024

“Por los gustos….

Es tendencia

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Héctor Tabares Vásquez
Columnista

Se venden los calambombos”, era un decir en épocas de bárbaras naciones, traído ahora a colación en virtud de la serie de circunstancias a través de las cuales se van cociendo tendencias y aparecen, de pronto, las calificaciones de milenios, desadaptados o anacrónicos. La actualidad marca un común denominador caracterizado en corrientes de pensamiento cada día más dispersas y anárquicas desde el punto de vista de la ideología pura y de una bien estructurada calidad de raciocinio. Son numerosas las franjas y las aristas  salidas de los cuerpos supuestamente sólidos de un determinado sector, creando inseguridades e impidiendo una consolidación relativamente seria  en materia de rumbos y destinos de un país o de una región. Estas falencias sociales y culturales conllevan una buena cantidad de quiebres respecto del comportamiento de las personas, incitándolas a tomar no el toro por los cachos, sino buscando el ahogado rio arriba, generando desconcierto y desbandadas, suceso muy frecuente en ciertos partidos políticos. Y el fenómenos es mayormente preocupante en la medida en que lo expresado a manera de simple estilo de opinar, es convertido en un síntoma de enemistad o de agresión, pasándose del creer al obrar y causando todos los problemas posibles y reales en razón  de la intolerancia y la ausencia de comprensión en quienes enfrentan a otros.

Resulta bastante difícil obligar a alguien formando e instruido bajo la égida de un sistema o de una identidad instructiva ancestral, verbi gracia, a plegarse a las actuaciones de una oleada de cambios surgidos o  atravesados en estos últimos decenios, máxime si ello  es elaborado a base de amenazas y de retos, todos ellos ajenos a una especie de adoctrinamiento mesurado y digerido con el empleo de sistemas de aprendizaje o de formación adecuadas. Toda una odisea tratando de moldear un tipo de individuo capaz de digerir y de asimilar, de forma abierta e indulgente, toda la carga emocional suministrada mediante movimientos interesados en una u otra doctrina, seguramente bien intencionados y orientados a un fin colectivo a una emancipación de presuntas cadenas  milenarias . Todo un camello, aceptar la tesis de sentarme a digerir sin problemas, el talante del individuo llevando a cabo actos y procederes completamente ajenos a mi parecer y convicción y además  tornarme pasivo  e indiferente frente al tema. En criterio de Savatier, citando a un filósofo coetáneo, “me gusta la gente a la cual le gusta lo que a mí no me gusta”  definiendo la tolerancia y poniendo un nivel demasiado complejo en ese severo deseo de volverse  abierto y receptivo ante las innovaciones del hombre contemporáneo. En un medio de la peculiaridad  nuestro, alérgico a la diversidad, desconociendo el derecho a interpretar lo externo, es arar en el desierto y  tornarse en un canto a la bandera, una cruzada hacia la resistencia al fanatismo y las emociones incontrolables de una comunidad oscilante y desconfiada.

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