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sábado, mayo 18, 2024

Policía Nacional Entre la admiración, la politización y la crítica

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*Lina María Arango D

Columnista

La Constitución Política de Colombia en su artículo 218 define a la Policía Nacional como “un cuerpo armado permanente de naturaleza civil, a cargo de la Nación, cuyo fin primordial es el mantenimiento de las condiciones necesarias para el ejercicio de los derechos y libertades públicas y para asegurar que los habitantes de Colombia convivan en paz”. Además en su artículo 219 aclara que “los miembros de la fuerza pública no podrán intervenir en actividades o debates de partidos o movimientos políticos”.

Desde hace varios años he sido cercana a la Policía Nacional, una entidad que a pesar de sus críticas, es admirada y valorada por muchos colombianos. Mi relación con la institución comenzó en el 2007, cuando de la mano de la policía comunitaria adelantaba actividades de PAZ, reintegración y reconciliación en los municipios del Eje Cafetero. Esa experiencia me permitió no sólo reconocer que durante años había asumido una posición lejana, crítica y muchas veces injusta frente a la institucion, como resultado del desconocimiento que tenía de la misma. Además conocí a los hombres y mujeres más allá de su rol de autoridad para verlos en su rol de prevención y acompañamiento en la convivencia ciudadana.

Son 150 mil hombres y mujeres que hacen parte de la institución que debe garantizar la seguridad de los colombianos.  Personas de todos los municipios del país con sueños, familias, temores, expectativas. Personas que también buscan mejorar su calidad de vida y que también requieren servicios de salud,  educación, vivienda, buen trato y respeto por su vida. Temas por los que coincidencialmente marchan los jóvenes. Policías, personas que “también son pueblo”, como bien lo leí en un cartel escrito durante las marchas. 

Sin embargo ha sido evidente que la Institución ha sido políticamente manoseada desde el 2002 por sectores que contrario a fortalecerlos institucionalmente, le hacen daño. La construcción de confianza y autoridad, con respeto a los Derechos Humanos, independencia religiosa y buen trato a los colombianos, sean estos indígenas, población afro, población LGBTI, o sectores de oposición, no son temas por lo que se destaque. Por el contrario muchos ciudadanos ven como sus actuaciones han sido tristemente manipuladas, mientras asumen con su honra, su vida y su libertad las consecuencias de la vocería de un partido político que los usa para mantenerse vigente.

Cabe recordar a mis amigos policías los art 218 y 219: muchos de los miembros de la institución apoyan abiertamente a la “gente de bien” que dispara en contra de los indígenas o marchantes del paro nacional, mientras exponen abiertamente sus afinidades al partido que los ha usado.  Olvidan ellos su mandato constitucional de garantizar la convivencia de todos los ciudadanos.

*Profesional en gobierno y relaciones internacionales

Twitter @linamariaarango

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