Pereira y Risaralda: La hora de la solidaridad y la reconstrucción

Por Fabio Castaño Molina
Pereira y Risaralda, y buena parte del Eje Cafetero y el occidente del país, atraviesan uno
de los momentos más difíciles de su historia reciente. El terremoto registrado el pasado 10
de agosto, a las 7:34 de la mañana, dejó a su paso daños materiales de enorme magnitud y
puso nuevamente a prueba la capacidad de resiliencia de una región que conoce, como
pocas, el significado de levantarse después de una tragedia. Pero si el sismo estremeció la
tierra, la respuesta de los risaraldenses y los colombianos en general, ha demostrado que
también puede estremecer el corazón. La solidaridad ha sido arrolladora. Gremios,
empresarios, organizaciones sociales, gobiernos local y departamental, entidades nacionales
y organismos internacionales han dicho sí, sin vacilaciones, a una emergencia que exige
mucho más que buenas intenciones: necesita recursos, coordinación, transparencia y una
enorme capacidad de gestión. En medio de esta circunstancia ha resultado magistral el
trabajo articulador de la Sociedad de Mejoras de Pereira–ProRisaralda, en acción conjunta
con la Gobernación de Risaralda y la Alcaldía de Pereira, y con el decidido respaldo de la
Cámara de Comercio de Pereira y su gran Centro de Convenciones Expofuturo. Este
escenario se ha convertido en el principal centro de recepción y acopio de las ayudas que
llegan desde diferentes rincones del país y del exterior. Cada donación, cada aporte
empresarial, cada vehículo cargado de elementos esenciales y cada gesto de solidaridad
tiene hoy un valor incalculable. Y aunque pareciera que las ayudas son muchas, frente a la
dimensión de la emergencia nunca serán suficientes. La reconstrucción será una tarea
monumental que demandará tiempo, recursos y, sobre todo, unidad. En este escenario
también es necesario destacar las rápidas acciones emprendidas por el presidente Abelardo
de la Estrella, quien ha entendido la dimensión nacional de la tragedia y la magnitud de los
recursos que serán necesarios para atenderla, estimados en cerca de 30 billones de pesos. Y
aquí aparece una palabra que debe convertirse en principio rector de esta nueva etapa:
transparencia. La entrega y administración de las ayudas debe estar absolutamente blindada
por los organismos de control. No puede existir espacio para la improvisación, el
clientelismo, la burocracia innecesaria ni mucho menos para que la polarización política,
todavía latente después de la reciente contienda electoral, termine contaminando un
esfuerzo colectivo que pertenece a todos. Hoy no hay lugar para colores políticos. Hay
familias que necesitan recuperar sus viviendas, comerciantes que deben volver a abrir sus
negocios, trabajadores que requieren recuperar sus fuentes de ingreso y comunidades
enteras que esperan respuestas concretas. La prioridad debe ser reconstruir, recuperar y
devolver la esperanza. Risaralda ya vivió una tragedia de proporciones históricas con el
terremoto de 1999 y también conoció entonces el valor de una institucionalidad excepcional
como el FOREC, que permitió coordinar esfuerzos y acelerar la reconstrucción del Eje
Cafetero. La dimensión de la emergencia actual obliga a pensar, desde ya, en una entidad
de características similares, con autonomía, capacidad técnica, recursos suficientes y
controles rigurosos, que asuma la enorme responsabilidad de reconstruir lo que el terremoto
destruyó. Hoy la reconstrucción no es responsabilidad de un gobierno, de un gremio o de
una institución. Es una tarea de todos. Y si algo ha quedado demostrado en estas horas
difíciles es que cuando Pereira y Risaralda se unen, hasta después del terremoto vuelve a
amanecer.

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