Pereira: su gran tragedia, más allá de las cifras

JAMES FONSECA

Los primeros balances de una tragedia se expresan en muertos y heridos, edificios derrumbados o toneladas de escombros. Pero hay dimensiones que tardan más en hacerse visibles: la familia que pierde su vivienda, el comerciante que no puede abrir, el trabajador que deja de recibir su salario, el niño que no puede regresar a su escuela y la ciudad que descubre que parte de su vida cotidiana dejó de existir.

Eso empieza a revelar el terremoto del 10 de agosto. Cuando las cifras se miran en proporción al tamaño de las ciudades, Pereira aparece como la ciudad más afectada de Colombia.

Su Alcaldía reporta más de 35.000 viviendas afectadas, el 15,4 % del total. Cerca de 120.000 personas aparecen como damnificadas o afectadas; más de 70.000 toneladas de escombros han sido retiradas y se estima que más de 100 edificaciones tendrán que ser demolidas.

Cali, cuya población es 4,65 veces la de Pereira, permite una comparación reveladora: allí se han registrado alrededor de 25.000 damnificados y unas 14.000 unidades residenciales afectadas, asociadas a 712 inmuebles evacuados.

No se trata de decir que Cali sufrió menos, sería absurdo. Cali afronta también una tragedia enorme. Pero una cosa es el tamaño absoluto de la tragedia y otra, muy diferente, su intensidad. Pereira tiene una población mucho menor y, sin embargo, el número de viviendas afectadas es superior al reportado en las unidades residenciales evacuadas de Cali. En Pereira el 15,4 % de todas las viviendas de la ciudad ha resultado afectado.

La economía confirma la intensidad del golpe. Un estudio del Observatorio Económico de Armenia, (Quindío) con corte al 15 de agosto, estimó para Pereira una pérdida equivalente al 2,78 % de su Valor Agregado Bruto, por encima de Manizales (2,39 %) y Armenia (1,61 %), y calculó pérdidas cercanas a $508.000 millones.

Y detrás de la economía están las personas. De 5.122 establecimientos comerciales censados en Peerira, 4.658 reportaron afectación: aproximadamente nueve de cada diez. Más de 15.000 empleos están comprometidos. Detrás de cada empleo hay un trabajador, una familia y, muchas veces, un pequeño negocio construido durante años.

Por eso reconstruir no puede significar solamente levantar paredes. Cuando una familia abandona su vivienda, pierde más que un techo: pierde rutinas, seguridad, vecindario y parte de su patrimonio. Cuando cierra un negocio, desaparece temporalmente el ingreso de quienes allí trabajan.

El golpe alcanza espacios esenciales para la vida colectiva de Pereira. La Alcaldía reporta afectaciones en 25 edificaciones públicas, 34 instalaciones de salud y dos infraestructuras culturales y el 100 % de las sedes educativas presenta algún nivel de afectación y más del 60 % daños graves.

Muchos niños no regresarán pronto a clase y muchas familias tendrán que reorganizar su vida. Comunidades enteras han visto deteriorarse lugares que durante décadas fueron puntos de encuentro.

Por eso no deberíamos preguntarnos simplemente qué ciudad sufrió “más” terremoto, sino cuál soportó el mayor peso del terremoto en relación con lo que es.

La comparación no es una competencia entre ciudades. El sufrimiento de una familia de Cali no vale menos que el de una familia de Pereira. Tiene otro propósito: que el país entienda la dimensión de la emergencia y que los recursos para la reconstrucción correspondan a la magnitud real de los daños.

Reconstruir Pereira será devolver a decenas de miles de familias la posibilidad de vivir nuevamente en sus casas, recuperar empleos y pequeños negocios, abrir escuelas, reparar hospitales y proteger su patrimonio.

Las cifras ayudan a medir el desastre. Pero es el sufrimiento de las personas el que explica lo que realmente significa.

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