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jueves, febrero 29, 2024

Peores escenarios plausibles

Es tendencia

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Julián Cárdenas Correa

Columnista

¿Qué debemos hacer, cuando estamos angustiados con la inflación que supera el 10%, y nos dicen que la economía en mayo creció el 16.5%? Pues preocuparnos. Eso no se celebra. Pero tampoco debemos, de manera inocente, esperar que en un par de meses dicha inflación retome el sendero a la baja y termine en el 9% como esperan casi todos los “gurús”. Para que, creciendo al 16,5% a mayo, terminemos con una inflación del 9%, el frenón económico tendría que ser de choque y eso no se ve en el horizonte inmediato.

Si para 2022 el incremento salarial fue del 10%, dadas las expectativas de inflación que se tenían para este año y como muestra de solidaridad de los empresarios para ayudar a desactivar la “bomba social”; ¿qué podremos esperar como posible incremento salarial para 2023, con gobierno de izquierda y ministra de trabajo comunista? Probablemente que el incremento sea muy superior al 10%, me atrevería a especular que se nos vendrán ajustes del orden del 15%.

Dado que en lo que se refiere a economía el ser humano se ve influenciado en gran medida con base a expectativas, si los salarios aumentan en niveles superiores al 10%, es de esperar que entonces esperemos que la inflación en 2023 siga subiendo.

La sugerencia es que esperemos siempre mínimo tres escenarios: además de los escenarios más optimistas, los más probables (también llamados neutros) y también, esperar los más negativos. Sólo así medio sabremos si tenemos las capacidades para reaccionar a cada posible situación que se nos presente, es decir, si estamos en condiciones de afrontar al menos tres posibles escenarios diferentes.

Infortunadamente nos empeñamos en seguir esperando siempre lo mejor. Y el cambio climático es otro ejemplo dramático de una situación que empeora de manera sostenible y se acerca a niveles catastróficos, y aun así, seguimos esperando que nada pasará; o que otros harán lo propio.

Esperar en flujos de efectivo, o en la vida diaria, o en la economía en general, que el clima no haga estragos; que la inflación se quede en el 9%, que la ministra de trabajo no genere presiones sobre los salarios y las compensaciones en general; es tan inocente como esperar que Putin firme la paz pronto, o que Israel y Palestina no vuelvan a pelear, o que la tensión entre China y Taiwán se calme en los próximos días… Ante tanto panorama complejo es incomprensible cómo no trazarnos escenarios negativos para prepararnos ante la posibilidad de que sean esos escenarios los que se materialicen.

Soñar con que cambie todo para bien, o que Colombia inspire al mundo en general, o que los armados se desarmen por amor al país, son iguales síntomas de un no querer enfrentar las situaciones reales que a la postre son las más complejas.

He citado a través de los años la frase de un comunista (Quizás la única de un comunista que podría citar), la de Antonio Gramsci: “El pesimismo es de la inteligencia y el optimismo de la voluntad”.

Basta con leer cualquier periódico o mirar cualquier noticiero para saber que es el pesimismo el que debemos tener en el radar, eso sí, confiando en lo que cada uno puede hacer.

Para estar informado

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