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martes, marzo 5, 2024

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Jaime Bedoya
Columnista
*La propuesta de Humberto De La Calle, merece darle forma porque las elecciones presidenciales están a la vuelta de la esquina. Además, requerimos de un mandatario con un congreso de mayorías que deje gobernar también para los excluidos.

A los nombres ya sugeridos: Petro, Fajardo, Robledo, el mismo De la Calle, hay que agregar otros muy representativos: Alejandro Gaviria, Juan Carlos Henao, Juan Fernando Cristo, Guillermo Rivera, Juan Manuel Galán, Luis Fernando Velasco, Juan Camilo Restrepo, Iván Marulanda, Alejandro Éder, Henry Acosta, Gonzalo Restrepo, Ramiro Bejarano, Juan Luis Mejía, Pablo Felipe Robledo, José Fernando Isaza, Fernando Carrillo, Carlos Negret, Álvaro Leyva, Maurice Armitage, Ingrid Betancurt, Carlos Andrés Amaya, Manuel Rodríguez, Juanita Goebertus, Caterine Miranda y Cecilia López, se me ocurren, por ahora. Un buen ramillete de gente comprometida con la democracia y la justicia social. Luego, consulta popular, que todos respetemos.

Ese procedimiento, reuniría a los partidos progresistas, más una buena parte del liberalismo, de la U, Cambio Radical, indígenas, afros, el sindicalismo, la cultura, y el sector avanzado del conservatismo y las iglesias. La fórmula, sería indestronable frente a la derecha que se alineará con candidato único. Para mi modesta opinión, el más significativo es De La Calle, un estadista capaz de apagar la hoguera.

Petro es quien mejor conoce el país y sus propuestas son magníficas, pero no tiene ninguna posibilidad de llegar porque como pasó con Álvaro Gómez, al que siempre le sacaban el coco de su violento papá, le enrostran su pasado guerrillero y subido ego. El mejor papel de su vida política lo desplegó en el parlamento de donde nunca debió salir.

Robledo, también muy preparado, pero monotemático; además está en deuda con el pueblo por la babosada del voto en blanco que favoreció a la derecha en 2018.
Fajardo, formado, sabio, con buenas propuestas tiene en sus alforjas políticas, la sindicación de no ser “ni chicha ni limoná”, en referencia a su indefinición y recónditas simpatías por el uribismo. También, a pesar del discurso progresista, salió en las pasadas presidenciales, con el mismo chorro de babas de Robledo.
En todo caso, si la consulta arrojase un candidato que no sea de mi predilección, como Fajardo, Petro o Robledo, respetaré el resultado y trabajaré por él, sin dobleces.

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