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viernes, junio 21, 2024

Pensando en voz alta

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Cuando el anciano y criminal dictador chileno, Augusto Pinochet Ugarte, fue libertado, las ofendidas víctimas le gritaban: “lo soltaron por demente, no por inocente”. Pinochet murió en el 2006 sin sentencia judicial por incapacidad de comprender, pero con la censura moral del mundo democrático. Y fueron los jueces Baltasar Garzón y Juan Guzmán los héroes que pusieron al bandido contra las cuerdas. Un buen ejemplo seguido por la Honorable Corte Suprema, el Tribunal Superior de Bogotá, las tres jueces y el fiscal que han lidiado valientemente con el caso del expresidente Álvaro Uribe Vélez que, como coincidencia con Alcapone, lo hemos dicho muchos opinadores, está emproblemado por una bagatela, frente a la cantidad de investigaciones de grueso calibre que duermen inútilmente el sueño de los justos porque son delitos de lesa humanidad que no tienen prescripción: Jesús María Valle, El Aro, La Granja, Macayepo, Mapiripán y los Falsos Positivos, entre otros.

El abogado del ex presidente, don Jaime Granados, es tan voluminoso en su cuerpo como en las alforjas donde carga el sin fin de marrullerías que esgrime para dilatar el proceso con la esperanza de que precluya. Olvidó que es función del abogado ayudar a direccionar correctamente el proceso. Ese señor está cayendo en el abuso del derecho a litigar y los operadores judiciales deberían sancionarlo.

La justicia tiene que declarare en emergencia frente a este caso y desplegar una batería de acciones y estrategias para que el delito no precluya porque sería el fracaso de la institucionalidad misma y daría un pésimo mensaje al mundo. Que les quiten trabajo a la juez y a los magistrados para acortar los tiempos de las providencias. 

Si en el año 25 se produce la figura que lo beneficia, seguramente podremos decir a modo de parodia a los chilenos:  Se libró por de buenas, no por lo bueno. Ahora, si el procesado se cree tan pulcro, que renuncie a la prescripción que no es un derecho fundamental.

Se la ha repetido al expresidente que no lo queremos ver en la cárcel ni por este ni por los delitos de lesa humanidad. Simplemente, vaya a la JEP que es justicia para todos con primacía de la verdad, y confiese. El dolor por el horroroso crimen contra su progenitor no puede seguir nublándole el intelecto. Muchos sufrieron peores acciones bandoleras de las FARC y siguen enhiestos prodigando perdón: Cecilia María Vélez, Juan Fernando Cristo, César Gaviria. Sin contar a los humildes que padecieron por los tres: Farc, paras y Estado. Ellos dan un buen ejemplo porque el perdón es sanador. Mírese en el espejo su inútil deterioro físico, producido por el odio y el rencor. Algo más, nadie iguala a generales y a “gente de bien” con los bandidos. Es la ley la que nos hace iguales por el principio universal según el cual “donde hay una misma acción se aplica la misma disposición”.

Jaime Bedoya Medina.

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