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jueves, febrero 22, 2024

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Por Jaime Bedoya

La sociedad colombiana puso el grito en el cielo y en suelo por los pésimos resultados de las Pruebas PISA, sigla en inglés: Programme for International Student Assessment- Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes-, que los mide en Ciencias, Matemática y Lectura. Los comentarios de quienes fueron entrevistados no pasaron de lugares comunes y trasnochados que no apuntan a un verdadero diagnóstico y menos a una solución efectiva. Todavía echan la culpa a la Pandemia que afectó a todos los países de la tierra, pero que hace mucho pasó y si se hubieran implementado programas serios, ya se habría superado el 90% de la debacle. Añaden que no tienen material didáctico, que los colegios son plantas físicas sin condiciones para trabajar y todo eso es una partecita del problema. Pero las raíces son más profundas: las facultades de educación no sirven; las exigencias para ingresar a estudiar pedagogía son mínimas, caso que podría sintetizarse en “estudie, aunque sea para maestro” ya que no pudo pasar a ingenierías, medicina o derecho. Las Escuelas Normales que, deberían ser el laboratorio pedagógico de la región repiten lo mismo que los colegios académicos. Esas facultades nocturnas no son más malas porque no quieren y ni qué decir de los programas a distancia. Cómo pueden desarrollar proyectos serios en un horario de 4 horas que casi siempre se vuelven tres y en los mismos 4 años de los estudiantes diurnos. Y a pesar de que a los colegios llegaron algunos profesionales buenos de áreas diferentes a Educación, fue un error abrir la puerta de par en par para que arrimaran a escamparse quienes no pudieron realizarse en sus profesiones. En cuanto al bachillerato ofrecido al garete para todos por igual no puede conducir a un buen puerto. Estamos en mora de recoger el decreto 080 del año 74 que trajo la Exploración Vocacional para que el estudiante, a partir de 9 se matricule en el bachillerato que el colegio, con los orientadores vocacionales y los padres de familia, definían como el más indicado para triunfar. Entonces, habría que diversificar la oferta por lo menos a tres modalidades: Científico, técnico y artístico. Tampoco iremos lejos con una jornada tan corta. Este año aumentaron una hora de clases. No sirve, es necesario tener a los estudiantes todo el día, hasta las 5 de la tarde, por lo menos y el sábado. Ya lo hicimos en el Colegio José Antonio Galán por 15 años y funcionó. Inicialmente trabajamos por vocación y luego la Secretaría de Educación dijo: Los profesores, se dieron la pela y tienen resultados, ahora les pagaremos horas extras que los benefició mucho y les redobló el entusiasmo. Esa platica era mucho menos que nombrar profesores para cada jornada. Tampoco dijeron nada los profesores entrevistados sobre la cantidad de tiempo que se les quita a los estudiantes cabalgando sobre el principio “tengo derechos”. Pero muy pocas veces se les oye decir “tengo deberes”. En las escuelas rurales, casi siempre hay un maestro para todos los niveles porque la norma no permite dividir grupos por debajo de 40 niños. Así, cómo, por Dios.
En todo caso, las clases populares que se jodan porque algunos podemos pagar colegios privados de calidad, incluyendo a muchos sindicalistas.

 

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