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domingo, febrero 25, 2024

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Jaime Bedoya Medina
Columnista

*Lo peor que le pueda pasar a Colombia con el presidente Gustavo Petro es que continúe como va. Entonces las expectativas mentirosas de la derecha se satisfarán, pues como nada quiere que cambie, todo seguirá igual. O, mejor, sí quieren que haya cambios, pero “sin afectar a nadie”. Luego, no los habrá porque, lo normal es que cada decisión beneficie a unos y resienta a otros. Hasta el día de hoy, casi todas afectan negativamente a la mayoría, porque como dice el escritor: Al pueblo nunca le toca. De ahí que la reforma tributaria, urgente y necesaria, va a estrujar a unos porque deben aportar más y a otros porque empezarán a recibir algo. Esa es la justicia distributiva, propia de la doctrina- no del partido- liberal que, como todos los tradicionales, con honrosas excepciones, son una alcantarilla. Cuáles excepciones, me han preguntado. Señalo algunas. Conservatismo: Belisario Betancur, Nicanor Restrepo, Vásquez Carrizosa, Juan Camilo Restrepo Salazar y al final de sus días, el grande entre los grandes, Álvaro Gómez, tío del mequetrefe, Enrique Gómez que, se presentó ahora contraviniendo todo su ideario.

Liberalismo: Lara Bonilla, Galán, Cecilia López, Lleras Camargo, Gaitán, López Pumarejo y el más grande de todos, Juan Manuel Santos, nobel de paz. Cambio Radical: José Daniel López.  Centro Democrático: Gabriel Santos. Por lo tanto, habrá personas de los partidos tradicionales en la dirección del estado y no es porque se esté repartiendo mermelada. Es por el talante democrático del presidente Petro y la carencia que tenemos en la izquierda de personal formado para todos los cargos. Pero, han de compartir el ideario de una mejor Colombia y no traer señalamientos jurídicos. Así que, tener en el gabinete gente como Cristo, Rivera, Velasco, Restrepo, Cárdenas o Murillo, son un plus. Esta es una nueva izquierda, sin dogmatismo, sin Chávez, sin Ortega, sin los Castro, sin Maduro. La prueba está en la inmensa complacencia con Álvaro Leyva y José Antonio Ocampo. Los que siguen tachonarán de tranquilidad el universo político.

Me alegra ver a concejales jóvenes salir del partido conservador y buscar otros rumbos. Nunca he podido entender cómo una persona joven milita en un partido que es la negación de todo lo que la sociedad moderna y su innata rebeldía buscan: justicia social, redistribución de la riqueza, anticlericalismo, predominio de la libertad, igualdad ante la ley. Ya sé que me van a responder que no conozco los estatutos del partido. Les digo, vayan a las fuentes de sus fundadores y vean qué principios defendían.

Sobre este tema volveré con una graciosa historia que tengo con mi buen profesor de derecho, José Daniel Trujillo.

**Eche, como dicen los costeños, lo felicito don Álvaro Ramírez. Entendió que, el socialismo liberal es el que defendemos en la izquierda democrática, no en la fanática.

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