Juan Guillermo Ángel Mejía
Las listas para el congreso, las consultas partidistas y las presidenciales, son un espejo de la crisis que atraviesa nuestra democracia, lo que es un presagio de lo que pasará, de la manera como actuarán esos postulantes, cuando resulten electos.
Abundan los candidatos condenados o encartados por corrupción, clanes familiares que se perpetúan en el poder, muchos de ellos expertos en el uso indebido de los recursos del estado para financiar sus campañas; la compra de votos, el derroche evidente, el inundar de propaganda calles, ventanas, carros, periódicos y periodistas a sueldo, los estrategas que venden imagines falsas y ropajes lustrosos, todo ello ha venido creciendo año tras año, lo cual en esta campaña rompe todos los registros anteriores.
La corrupción, que siempre ha figurado en la lista de los problemas a resolver en Colombia, nunca había ocupado el primer puesto en las encuestas, pero, esta vez, ha llegado a tales extremos, que ya está liderando los problemas a resolver, según la opinión mayoritaria de los colombianos.
Del deterioro no se escapa nuestra región, a la cual ya había llegado el comercio electoral, desconocido en el pasado, la corrupción ha venido creciendo, sofisticándose y especializándose, funcionarios que se han concluido su mandato como ricos hacendados o empresarios que se mudan a lujosas residencias, y la manera como derrochan son más que indicios, son evidencias al canto que ilustran la manera como hemos venido eligiendo a los que no son.
Dice el refranero popular que el tramposo, el ladrón, el atracador, selecciona a su víctima, pero el político corrupto, el ladrón de alto vuelo eres tu quien lo elige, el derroche que estamos viendo en la campaña actual es más que in indicio, es una evidencia irrefutable de como hay millones de millones que se gastan, dineros que surgen del azul del cielo, eso es algo que nos confirma que es legítima la pregunta que nos hacemos si no estamos frente a una corrupción preavisada, producto de una corrupción actual.
A lo dicho hay que sumar las normas que estimulan el despiporre electoral que estamos viviendo, las consultas se han convertido en maneras legales de dineros utilizados para las campañas y para el enriquecimiento personal, ya lo habíamos mencionado en nuestros anteriores escritos, esos $ 8.250 por cada voto es el botín del que algunos hace leña y dineros que otros reclaman con rabia argumentando y amenazando, porque lo que le quitaron fue el derecho a reafirmar su liderazgo enfrentado a payasos y no lo miles de millones que esperaba cobrar; otro caso para no desaparecer del todo es la consulta entre Clara López, quien apenas consigue un escasísimo 2% en la intención de voto enfrentada a quien tiene menos, nuestro amigo y paisano, quien no registra ninguna, esa es otra charada.
También se asoman a la vitrina electoral, otros que ya se convirtieron en veteranos vendedores de la piedra filosofal, los predicadores que encarnan al nuevo mesías, el único a quien todos le rendirán culto y no tendrá por lo tanto oposición, puesto que como no hay ofertas, no hay contradictores.
Si a usted le pagaron o le ofrecieron por su voto, por su concurso para elegir a quien usted bien sabe llegará a meter la mano en lo ajeno, quedará tranquilo por haber contribuido a la falta de medicamentos, al empobrecimiento de todos, el suyo incluido, a cambio de las migajas que caen de la mesa del rico Epulón?.
Coletilla: ¿Será ética la práctica desaforada de Claro al utilizar los números de teléfono de su competencia para ofrecer su producto?, ¿habrá alguna manera que entienda que acosar a los colombianos con máquinas y call centers, es odiosa e inútil?
