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martes, julio 16, 2024

Payaso con careta de alegría

Es tendencia

DOBLE ESTÁNDAR

EN LA COPA

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Rubén Darío Franco Narváez

Columnista

Hoy, viernes 5 de noviembre 2021, muchos se quitarán la careta para reír con alegría, celebrando su día, en los catorce municipios de Risaralda.

La mayoría de risaraldenses: unos por orgullo, otros por timidez, no se atreven a despojarse de sus máscaras, para no desnudar el dolor que carcome su propio interior.

La celebración la harán, a puerta cerrada, en cada una de sus residencias, haciéndole coro a la última estrofa de la composición estelar del compositor mexicano Fernando Zenaido Maldonado Rivera que lanzó a su compatriota, Gabriel Siria Levario “Javier Solís”, al reconocimiento mundial con “Payaso”: “No puedo soportar mi careta/ ante el mundo estoy riendo/ y dentro de mi pecho/ mi corazón sufriendo /Ja, Ja, Ja, Ja, Ja, Ja”.

Unos pocos, aquellos que todo lo comparten con sus seres queridos, osarán declamar la última estrofa del famoso poema de Juan de Dios Pedro Pablo Peza Osorio, “Reír llorando”:  El carnaval del mundo engaña tanto, /que las vidas son breves mascaradas; /aquí aprendemos a reír con llanto/ y también a llorar con carcajadas.

Aunque ante la sociedad, tratemos de mostrar fortaleza e inmunidad; en la actualidad, todos hemos sido afectados –directa o indirectamente- por el Nuevo Orden Mundial obligado por la Pandemia. De aquí, aprendimos que la riqueza económica no es vacuna segura contra el dolor de ver partir a la vida eterna a personas cercanas y a amigos del alma.

Un 70%, del millón 200 mil habitantes del territorio risaraldense, ha sufrido serios golpes económicos, obligados a redoblar esfuerzos e hincar rodilla ante El Estado y la fuerza empresarial, para no morir por física hambre.

Celebrando, hoy, el Día Internacional del Payaso, reconozco que como profesión es un noble oficio sin fronteras, sin razas ni idiomas. Nos dice la historia que el oficio del payaso se inició aproximadamente hace unos 4.000 años en China; un bufón llamado Yusze servía en la corte del emperador Chiiu Shih huang-ti, constructor de la Gran Muralla.

De verdad nos hace falta valor para quitarnos la invisible máscara de payaso y mostrar la cara real de nuestra fatigante existencia. La única fórmula es: acudir a la misericordia divina.

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