Por HÉCTOR TABARES VÁSQUEZ
En modo alguno el interés es dogmatizar o pontificar alrededor de temática perteneciente a la Psicología, de quienes poseen las nociones adecuadas y propicias a fin de encarar esta clase de comportamientos humanos, estados de ánimo de la calidad, cantidad innumerable, en complejidad y dificultad. Ocurre, no obstante, dadas las circunstancias, las coyunturas presentadas en el medio, no admiten otra decisión distinta de analizarlas bajo la égida, no tanto del conocimiento, como si de las experiencias propias y del deambular en estos campos de la vida, pletórica de horizontes de todos los matices y colores. Las inquietudes surgidas de la percepción personal, muy individualizada, después de vivenciadas las inconmensurables conductas y actividades de nosotros, el género racional, poco dispares en este aspecto, al resto de la humanidad. Prima facie, nuestros asuntos e inclinaciones hacia una o determinada línea de hábitos o de costumbres, comienzan en el pensamiento o la visión impulsada y direccionada a través del gusto, la tendencia, en muchos casos producto de un saber anterior o simultáneo, los mismos que van haciendo callosidades a causa de su repetición y continuidad. Es de los elementos precisamente no procesados debidamente y terminan en la sección de los ímpetus y de las reacciones imprevistas y consecuencialmente dañinas y peligrosas. Inicialmente es sensación, un acontecer fruto de los antojos y de las impresiones casi de naturaleza espontánea, por lo cual a nuestra manera de ver, sentir y meditar extraviada la idea y no sujeta a juicio o predicamento cualquiera, cedemos y le abrimos paso a la pasión, la predisposición, la reacción inconsulta, es decir, alejada de la reflexión y de la respectivas confrontación entre lo conveniente, perjudicial o no. Sí en el momento, no es representación mesurada, trabajada, consciente, es lo negativo a generarse partiendo de la inequívoca irresponsabilidad de dejarse arrastrar de un motivo insensato. No es preciso apelar a teorías y corrientes de diversa índole, cuando el solo merodear y permitirse contemplar el entorno, revisar la historia, acudir a los sucesos de variada contextura, para avizorar y confirmar lo expuesto. Basta acercarnos a un concierto, un espectáculo futbolero, pero de forma particular y especial, en manifestación pública siendo indiferente el matiz o la tesis a exponer. En conclusión y definitivamente, nos caracterizamos en ser demasiado viscerales, en expresarnos a base del fanatismo enfermizo, intentando conmover allende la convicción; perezosos en la argumentación, en la formación y en la preparación o en el ejercicio intelectual. Así, pues, creemos a pie juntillas, en la distinción sustancial de conceptos, en el obrar con el corazón y no en la razón. No importa el uno se diluya en otro.
