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viernes, junio 21, 2024

Pasión en las gradas

Es tendencia

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Está a punto de sonar el pitazo inicial, ya arrancó el partido, todos se santiguan, miran el cielo  y gritan: “Fuerza furia Matecaña, ¡a ganar!” Allí en esa pelota está la vida, en ningún lado  más. Aunque no gane o gane y nos quede faltando un pedacito, aunque nos quedemos a la  puerta del horno o triunfemos, todo sigue siendo rojo y amarillo para los fanáticos del  poderoso Matecaña de Pereira. Lo mismo se vivirá simultáneamente hoy con los otros  equipos, y mañana, y la otra semana, y con la Copa América que ya llega, y con el torneo del  barrio y del colegio y por supuesto con el próximo mundial. 

¿Qué tiene el fútbol que apasiona a todos y nos une sin distinción? Muchos no comen, ni  duermen, ni respiran, sus vidas giran en torno a un calendario y los colores, en este caso, los  del Pereira, rojo y amarillo golpean y pegan directo al corazón. José Saramago, el Nobel  Portugués de Literatura, año 1988, afirmaba en su libro “El ensayo sobre la lucidez”, que el  fútbol es una de las nuevas religiones del mundo, que “emancipa, arrodilla y enceguece a la  sociedad moderna”. El autor agrega que, “junto con los centros comerciales y los GYM, nos  cierran toda posibilidad de enfrentar y criticar el mundo”. 

El fútbol es pasión, pero a la vez poderío económico, se vende un jugador como vendiendo  un objeto o un animal, se llenan los estadios y en muchos la cultura de la violencia y los  insultos impera. En los países como el nuestro, la Federación Colombiana de Fútbol es  burocracia y poca efectividad, no hay garantías ni apoyo a los deportistas, los grandes clubes  deportivos son de políticos y han sido hasta de narcotraficantes. En el fútbol tenemos todas  las libertades, pero estamos dentro de una burbuja; los precios altos de los abonos y la  “detención” de la boletería por parte de los avivatos, alejan a muchos de la oportunidad de  una tarde o noche de distracción.  

En el fútbol todo es negocio: el pase de los futbolistas, las concesiones o dueños que se  reparten el botín, las cadenas radiales y de subscripción que no permiten ampliar la señal  televisiva, las firmas de ropa deportiva y comerciales que entran en la repartición de dinero,  la calidad de los equipos que serán poderosos mientras más dinero tengan para contratar  mejores jugadores, y sin mencionar los negocios fraudulentos que se hacen debajo del  “camerino” para transar jugadas, empates y hasta victorias insólitas de quienes no se  imaginaban ganar.  

El fútbol tiene algo de fraudulento, pero es pasión; tiene algo que aprisiona, pero a la vez  libera, y es el amor por la camiseta y la región. Al hincha se le conocerá por sus sacrificios,  por sudarlo todo hasta hacer sangrar su corazón por el equipo amado; por su andar – apresurado y en fila india- para acomodarse en las tribunas, y ante todo por su grito de ¡gol!  Salido de sus entrañas para aplaudir al equipo que lo “mata”, aunque no entienda que el  fútbol es una “caverna moderna” que moldea sociedades, que hace ausente el sentido crítico  ante una sociedad injusta, y, lo peor, llena el bolsillo de unos pocos poderosos. Adenda:  ¿Dónde está el padre Darío Valencia Uribe? La Diócesis de Pereira invita este 7 de junio a  una velatón por todos los desaparecidos. Hora: 7 p.m. Lugar: Plaza de Bolívar.

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