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viernes, junio 21, 2024

PARADIGMAS CIUDADANOS

Es tendencia

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Th. S. Kuhn propuso el  concepto de  “paradigma” para señalar  los conjuntos de creencias, valores  y  técnicas que comparten los miembros de una comunidad determinada. Y nada se opone  a   utilizar  dicho concepto en el análisis histórico de dos ciudades que han marcado  pautas en el concierto nacional. Se trata de  Cali y Medellín.
 En  la segunda mitad del siglo pasado Cali era una ciudad cuya  dirigencia mostraba un talante entusiasta y propositivo. Además de la agroindustria de la caña   existieron  fábricas como  Croydon, la de muebles para oficina Industrias Metálicas de Palmira (IMP) y Ensirva  o Encali, empresas de servicios públicos   que  constituían un sólido  capital  municipal. Por su parte, Medellín era a capital industrial de la provincia colombiana. Nombres como Coltejer, Fabricato,  Imusa,  Peldar y las EPM   evocan  toda una era de esfuerzo creativo paisa.
 A partir de los años  ochenta  del siglo pasado circunstancias históricas como la apertura económica y la consiguiente  readecuación económica imponen un nuevo modelo de desarrollo que golpea la estructura productiva de las dos ciudades, lo cual coincide con el auge del narcotráfico. La vieja  la clase política del Valle es  sustituida por el físico dinero. Llegan al poder un locutor, un abogado invidente y  hasta   retoños de la vieja clase como el “joven” Abadía, encumbrados todos por un gran carrusel que  termina  en manos de un  aprendiz de carpintero llamado Martínez, autor de esa frase que lo describe todo “Ganar un ciudad intermedia, equivale a “coronar” un  envío”.
En Medellín, aunque el narcotráfico también lo permea todo, los industriales se las ingenian para mantener las viejas empresas y  los capos, con Escobar a la cabeza, hace irrupción en la política pero no logran  controlarla. Es un hecho singular que ni en la esfera pública, ni en la empresa privada, los dineros “calientes”  logran  un  dominio  igual  al  de los carteles vallecaucanos.
    Pero la  gran  diferencia entre  esas  dos ciudades se refiere a la forma como manejaron ese gran  ahorro público constituido  por   sus   empresas de servicios públicos. En el Valle, se  las    reparten  para  suministrar puestos y contratos a cada directorio, exprimiéndolas  de tal manera que deberán liquidarse. En  Medellín,  se conserven unificadas y en su  administración se empleen técnicas de gestión propias del  sector  privado_ como sucede con  las EPM  que generan  cerca del 60% del producto bruto de la región_,  de estas el municipio recibe     billones de pesos que sirven  a  los  alcaldes para ejecutar cualquier cantidad de obras, y hasta pueden satisfacer  muchas demandas de  los directorios  políticos.
Medellín y Cali, dos ciudades y dos paradigmas, el uno positivo, el otro bastante negativo. Los paisas, mostraron amplísima visión geopolítica  y  gran  capacidad para sortear retos como la politiquería y el narcotráfico. Las dos urbes conforman  tendencias históricas que han sido imitadas por  otras, como nuestra muy querida Pereira; donde, por cierto, parece que nos hubiéramos  decidido a transitar por la senda del desastre caleño, pues dividimos  nuestras antiguas y sólidas empresas públicas y  continuamos repartiendo  sus restos  entre  los directorios políticos  Es obvio que cuando aparezca  una generación que   conciba nuevas y grandes metas estratégicas para la ciudad, deberá revisar este estado de cosas. Ojala no sea demasiado tarde.
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