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domingo, mayo 26, 2024

“Para vos mamá”

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Como no recordar en este día aquel hermoso tango de Roberto Escalada, con arreglos musicales de la orquesta de Enrique Rodríguez, en la voz magistral de Armando Moreno: “Para vos mamá”: “Quisiera en este día, que es tu día madre mía, con amor, poder brindarte un mundo, de bellezas y alegría. Así como en la infancia, me cantabas con fervor, hoy quiero cantarte yo, recordando en mi canción, tu dulce resignación. Honrarte con mil besos, un pasado que fue cruel, pero que, gracias a Dios, es pasado y hoy feliz, vengo a brindar con vos”

“Para vos, mamá, la mejor mamá, en este cantar, va mi bendición. Mientras le pido a Dios, que la felicidad, de estar junto a vos, no se pierda jamás. Para vos, mamá, la mejor mamá”

Para vos mamá, con nostalgia y un profundo amor, ningún lenguaje alcanzaría a expresar, la belleza y el poder, el heroísmo y majestuosidad, de quien, por su inmenso amor, tienen mucho de quien te creo mujer. Ese ángel incansable por la solicitud de sus cuidados, quien descubre los secretos de la vida con mas acierto que un letrado; mujer vigorosa que se estremece y enternece, con el llanto de un bebe; cuanto daríamos, por escuchar de sus labios, ese “hijo estas bien”, como un recuerdo fugaz. Para vos mamá, amado ser, mi mejor maestra y compañía, mi mayor fuente de alegría, la que implora noche y día, la portadora de bondad y alegría, que, con tesón, dio luz y cobijo a nuestras vidas.

Para vos mamá, forjadora de hombres y de sueños, orante, caritativa y constante, a quien le debemos las artes, el ser buenos; mujer que, con sus ruegos, vives en silencio la humildad; seguirás siendo un referente, con tus ojos picarescos y altivez siempre presente; una ofrenda de Dios en tu vida permanente, hablando bien de todos, nunca del ausente; creyendo en el Señor siempre presente, orgullosa de sus hijos frutos de su vientre; con su mantilla blanca, aguja y el dedal, tejiendo hasta su muerte.

Para vos mamá, aunque estes ausente, tus pasos se hicieron lentos, en un cuerpo de dura urdimbre; poder tenerte tener en la memoria, tu voz tierna, y siempre firme, durmiendo en aquel sillón de mimbre, en el calor de aquellas casas que el tiempo bronceo, y hoy se vuelven ya leyendas de grata recordación.

 

Padre Pacho  

 

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