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Pereira
viernes, junio 14, 2024

Pan y circo

Es tendencia

“DESATANDO,

PEREIRA TIENE PAPÁ

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ernesto zuluaga

La Roma decadente de los dos siglos anteriores al nacimiento de Cristo inventó la figura del «pan y circo». Al regalar comida barata y entretenimiento se lograba una alienación del pueblo al que se lo despojaba de su espíritu crítico como consecuencia de una falsa generosidad de los gobernantes. Esta estrategia demostró ser una forma muy efectiva de acceder al poder y durante siglos ha sido usada por las democracias para cautivar al pueblo y al elector. En una ciudad alegre como Pereira, siempre festiva y jovial, las fiestas aniversarias han sido muy importantes con la pretensión de no solo recrear a los raizales sino de atraer a muchos turistas de otras esquinas de la nación e incluso de otros países. Nuestro espíritu abierto y acogedor nos brindó un espacio destacado en la variada idiosincrasia colombiana. Varias décadas atrás éramos reconocidos como la ciudad de las 100.000 sonrisas, cifra que debíamos cambiar quinquenalmente ante el vertiginoso crecimiento. Con el interés adicional de sobresalir en el concierto nacional los pereiranos diseñamos unas fiestas anuales para celebrar la iniciación de la cosecha cafetera y simultáneamente el aniversario de la ciudad. Las bautizamos como las «Fiestas de la Cosecha», queriendo emular a Manizales, a Cali y a Medellín que llevaban a cabo deslumbrantes celebraciones aniversarias atrayendo a miles de compatriotas. Nuestras fiestas fueron siempre muy alegres y folclóricas, pero desde la época en que fue alcalde Juan Guillermo Ángel Mejía las celebraciones aniversarias adquirieron una gran connotación popular en la que los barrios más poblados albergaron ruidosas y coloridas verbenas que mezclaban a todos los estratos sociales y llevaban entretenimiento a casi todos los rincones de la ciudad. No había en la programación pública eventos exclusivos para las élites (ellas tenían su propia dinámica) y la diversión llegó a abarcar todo el mes de agosto. Cuando tuve la responsabilidad de ser alcalde de Pereira, en junio de 1992, creamos la actual subdivisión territorial de comunas y corregimientos y pretendimos llevar las fiestas a todos aquellos lugares. Eran tiempos en que los reinados de belleza tenían gran importancia razón por la cual creamos uno de carácter internacional para resaltar el motivo principal de las festividades: la cosecha cafetera. Debía adelantarse de manera simultánea con el reinado popular, en el que se escogía la reina de la ciudad entre las participantes de todas las comunas y corregimientos. Se hacían coloridos desfiles de carrozas que atravesaban la ciudad y las comunidades se involucraban con entusiasmo en todos estos eventos. Las candidatas hacían presencia en cada una de las verbenas y la ciudad era una fiesta. La velada de elección y coronación era el cenit de las festividades con presencia de artistas de talla mundial (Armando Manzanero en 1993). Toda la ciudad participaba. Para emular con las «casetas populares» en las que tradicionalmente se bailaba hasta el amanecer —pero pagando la entrada— creamos la calle de la rumba en la carrera séptima entre calles 25 y 38 con orquestas y tarimas cada dos cuadras y sin costo alguno para los asistentes que se contaban por miles. Pero no todo era rumba. Concebimos «Agosto Cultural», una agenda maravillosa y atiborrada de eventos que conectaban a la ciudadanía con las más exquisitas expresiones de las artes durante los treinta días del mes. Habíamos creado el Instituto Municipal de Cultura y queríamos que su papel fuera protagónico en las festividades para mo trarle a Colombia una Pereira pujante, culta e ilustrada. Cómo me duele ese nuevo concepto peyorativo y etílico que adquirieron nuestras celebraciones aniversarias: «las fiestas del chupe». Puro circo y del más pobre.

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