Duberney Galvis
Aprovechando el día mundial de las abejas, celebrado el pasado 20 de mayo, hay que decir que el departamento de Risaralda sobresale en sus esfuerzos por el sector en medio del escaso presupuesto para la agricultura. Uno de ellos consiste en las ordenanzas aprobadas en la asamblea departamental para proteger a las abejas y promover la apicultura.
Luego, al hacerles seguimiento, es notorio que no se consigue el impacto pretendido en dichas ordenanzas. Al indagar ¿por qué?, es posible detectar varios elementos, entre esos que los recursos asignados para atenderlas son mínimos, no hay suficiente sintonía entre estas y los planes de desarrollo, y tienen alta dependencia del marco normativo y las políticas nacionales, en especial cuando son de enfoque declarativo por temas ambientales, de protección y derechos. En esa medida, si no hay acciones legislativas que las acompañen, terminan por languidecer.
Por lo demás, varios departamentos no suelen tener mecanismos y personal para hacerles seguimiento, verificación y evaluación, por lo que su implementación termina dependiendo del irrestricto, y en ocasiones, solitario interés del promotor. En algo podrían ayudar a mejorar al respecto los ejercicios de veeduría y acompañamiento ciudadano, no obstante, suelen considerar engorroso el ejercicio por las trabas y dificultades encontradas de parte de entidades y autoridades.
Sea esta la oportunidad para llamar la atención al respecto. Risaralda, a pesar de ser un departamento pequeño, registra avances acumulados por varios años y periodos gubernamentales a favor de las abejas y el sector apícola. De hecho, junto al Valle, Antioquia, Caldas y Cundinamarca, figura entre los departamentos con más polinizadores.
Hay avances en cuanto a la producción de miel, polen, propóleo y otros derivados a partir de la transformación. No obstante, tiene un amplio campo por profundizar en materia de polinización de cultivos, abejas nativas, y ecosistemas asociados, en los que cuenta con una diversidad que cubre lo que queda de bosque seco tropical de La Virginia, zona en la que sigue sin explorarse la amplia relación de los cultivos de la caña como fuente de alimentación de las abejas; luego vienen las zonas de montaña cultivada y de áreas protegidas; y asciende hasta los páramos en los que hay presencia de abejorros cuya actividad es indispensable para parte de la flora de estos lugares.
Así las cosas, que el zumbido del Día Mundial de las Abejas también sea un aporte para revisar el alcance de las ordenanzas que el departamento ha logrado aprobar en la materia. Son muchas las herramientas con las que se puede trabajar.
