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sábado, mayo 18, 2024

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Gonzalo Gallo

Columnista

El prurito de ser la o el mejor ha deteriorado muchas vidas y aún hay padres ignorantes que exigen eso a la hija o el hijo.

  Es una pésima exigencia que brota en el desierto del ego orgulloso y se sabe que la soberbia jamás regala buenos frutos.

  También puede ser un reto que tú mismo te impones, empujado por el vicio de un perfeccionismo tan agotante como estresante.

  La misión de la vida no es brillar, casi siempre buscando aprobación, la misión es amarte y amar para ser feliz.

  No siempre el mejor alumno es después el más exitoso empresario, deportista, trabajador, profesional o artista.

  Si quieres, busca ser el mejor en el amor, pero evade el vicio de andar comparándote con los demás.

  Buda acertó cuando propuso seguir el “Camino medio”, lejos de extremos que tensionan y traen infelicidad.

  Si eres madre o padre, tu reto es que el hijo concrete sus sueños y no que tenga que recibir una medalla de oro.

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