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martes, julio 16, 2024

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EN LA COPA

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Gonzalo Gallo

Columnista

Es un gran regalo desaprender tantas creencias sin sentido que te frenan, y aprender otras que te iluminan y te impulsan.

  Por muchos años le tuve miedo al infierno y al diablo, también creí sin titubeos en un severo juicio final divino.

  Creí en el pecado mortal, en el temor a Dios, en la Biblia de modo literal, y, por lo mismo, en que es pecado otra orientación sexual.

  Creí en el cuento de Eva y la serpiente, que Dios elegía un pueblo y que lo apoyaba en las guerras contra otros.

  También, uno tan ingenuo, creí en animales impuros, que Dios le dio los mandamientos a Moisés y que mandó plagas a los egipcios.

  Sólo con estudio y siendo pensante, deseché esas creencias, pero respeto a los que creen todo con una fe ingenua.

  Esa que se llamaba “fe del carbonero”, del que digiere sin masticar lo que digan los predicadores de cualquier credo.

  Hoy tomo de varias lo que me sirve, no juzgo a sus creyentes, e intento ser espiritual sin ser religioso. Hay muchos caminos.

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