Rodrigo Ocampo Ossa
La voladura de los gaseoductos nord stream 1 y 2 ocurrida en septiembre de 2.022 apenas unos meses después de comenzada la invasión rusa a Ukrania ha sido objeto de varias investigaciones periodísticas y judiciales sin resultados concluyentes. El atentado fue atribuido inicialmente a los rusos. Un año más tarde el periodista Seymur Hersh, ganador de un premio Pulitzer, acusó a la CIA. Pero casi al mismo tiempo el periódico alemán Der Spiegel presentó un informe implicando al servicio secreto ucraniano, lo que era previsible desde el primer momento, pero fue discretamente ignorado porque resultaba incómodo para los alemanes y el resto de la OTAN que estaban apoyando a ucrania en su guerra. Total, hoy se sabe que el operativo fue ejecutado por ocho buzos dirigidos por el servicio secreto ucraniano, entre ellos una mujer llamada Freya quien resultó ser la más audaz de la tropa, que la operación fue realizada contra la opinión de la CIA y de Zelensky y que perjudicó más a Alemania y otros países de la unión europea que a Rusia. Aun cuando los detalles finales no serán conocidos porque Dinamarca y Suecia en cuya zona marítima exclusiva se produjo el atentado declinaron investigar, resulta evidente que las reglas del derecho internacional fueron y siguen siendo violadas sistemáticamente con total impunidad como ocurrió con la negativa de países amigos a extraditar algunos sospechosos o la negativa de la ONU a ordenar una investigación independiente. En concusión, casos como este ratifican que las reglas del derecho internacional solo se aplican contra los débiles y eso explica porque algunos Estados quieren hacerse con armas poderosas.
