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viernes, junio 14, 2024

No son infiltrados

Es tendencia

“DESATANDO,

PEREIRA TIENE PAPÁ

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Iván Tabares Marín

Columnista

El autor del nuevo proyecto de rebelión no creía en el psicoanálisis; tampoco, en la versión tradicional del marxismo. Mezcló ambas ideologías modificadas y lanzó la revolución del deseo. Como la revolución proletaria era un fracaso para aquel año 1976, se le ocurrió una idea terrible que ha permitido a la nueva izquierda resucitar de sus cenizas por medio de un experimento peligroso cuyas consecuencias ya se vieron en Venezuela, Brasil y Chile.

Se trataba de crear una protesta de los grupos sociales que tuviesen alguna frustración de su deseo: estudiantes, intelectuales, guerrilleros, feministas, desplazados, delincuentes, bandas criminales, terroristas, comunidad LGBTI, presidiarios, migrantes, drogadictos, enfermos mentales y similares, todos, víctimas del capitalismo, según Félix Guattari. Su plan lo llamó Revolución Molecular, RM.

La idea es genial para sus propósitos porque desorienta a todos y se interpreta con los modelos mentales tradicionales de los paros obreros, tal como sucede hoy en Colombia. De hecho, cuando se lanzó ese proyecto en Bolonia (1977), el Partido Comunista Italiano formaba parte de la coalición de gobierno y no tenía relación con el paro.

No es una rebelión obrera, de estudiantes o de los partidos de izquierda exclusivamente. No busca consensos o reformas y de allí que los diálogos son otro engaño. Las FARC sabían lo que venía y por eso exigieron en el Acuerdo de paz garantías para las manifestaciones. ¿Conocía Santos las implicaciones de lo que firmó? Un exguerrillero del partido Comunes escribió en redes hace una semana que ¡Viva la Revolución Molecular!; pero el trino se retiró pronto.

El expresidente Uribe habló de RM. Lo insultaron y calumniaron en El Espectador, La silla vacía y otros medios simpatizantes del terrorismo. Como Uribe no sabe de filosofía, guardó silencio ante los ataques rastreros. Los marxistas internacionales no podían aceptar que su farsa fuese descubierta y menos por su enemigo más odiado.  El engaño, las noticias falsas o las alteraciones del lenguaje son las nuevas armas más dañinas de la izquierda.

No son infiltrados los encapuchados, vándalos, terroristas y organizaciones criminales; conforman la esencia de la RM transversal o del deseo. Los infiltrados o “ajenos” a la revuelta son quienes van con tambores y cantan en las manifestaciones pacíficas con el propósito de engañan a medios, Gobierno, comunidad internacional y organismos defensores de los derechos humanos, para que los verdaderos protagonistas de la protesta salgan a dañar la economía, crear terror y a asesinar con sus bloqueos. Tal vez muchos “pacíficos” son idiotas útiles.

Definición de la RM: “Es una revolución política que no tiene estructura ni liderazgo identificable y los actores se parecen a moléculas sin coordinación ni verticalidad. Es disipada porque sus microinteracciones se desvanecen constantemente, dificultando la acción de la fuerza pública”. En palabras de Guattari: “En tales condiciones, la insurrección, medio tolerada e incentivada, en la medida en que es objeto de apropiación, podría considerarse como parte del mismo sistema que la absorbe”.

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