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lunes, mayo 27, 2024

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La Vorágine

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“La educación es el único camino para escapar de la esclavitud mental”.

Frederick Douglas

En el tejido social de una comunidad, la educación representa el hilo conductor que une aspiraciones con oportunidades, y en su gestión recae la responsabilidad de forjar un futuro próspero. Sin embargo, cuando los recursos destinados a esta noble causa son malversados por quienes tienen el deber de protegerlos, la traición a la confianza ciudadana se vuelve flagrante y merece el más enérgico rechazo.

En esta ocasión, nos vemos obligados a dirigir nuestra mirada crítica hacia el municipio de Dosquebradas donde han (o dicen haber) utilizado los recursos educativos para fortalecer la base del conocimiento y la igualdad de oportunidades, pero que en realidad parece alimentar agendas personales y partidistas. El abuso de fondos destinados a la educación no solo es un acto de corrupción, sino también una ofensa directa a la dignidad de quienes confiaron en que sus impuestos serían utilizados para el bien común.

El caso reciente del secretario de educación de Dosquebradas es un ejemplo flagrante de esta triste realidad. En lugar de canalizar los recursos hacia la mejora de las instituciones educativas, se ha dedicado a “maquillar” las inversiones; ¿alimentando sus propias ambiciones políticas? ¿Qué tipo de legado estamos dejando a nuestros niños y jóvenes cuando permitimos que sus oportunidades sean sacrificadas en el altar de la codicia y la negligencia?

El ejercicio del poder político conlleva una responsabilidad inherente hacia aquellos a quienes se sirve. Es hora de exigir transparencia y, sobre todo, un compromiso genuino con el bienestar de nuestras futuras generaciones.

Por tanto, llamamos a la comunidad a levantar su voz en repudio a estas conductas y de cualquier otro funcionario que utilice los recursos educativos de manera contraria a las necesidades de los habitantes del municipio. No podemos permitir que la educación, piedra angular de una sociedad justa y próspera, sea pisoteada en aras de ideas mezquinas. Nuestros niños y jóvenes merecen un futuro mejor, y es nuestro deber asegurarnos de que así sea.

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