No hay espacio para egos

Luis García Quiroga
Pereira y Dosquebradas no se van a reconstruir tan rápido como quisiéramos. Tres
semanas después apenas estamos terminando de articular la institucionalidad, sin la cual,
no es posible avanzar.
Ningún alcalde ni ningún gobernador puede en solitario hacer lo que hay que hacer, y
hasta más, porque el sismo también abre ventanas de oportunidad para transformar
ciudad. Por fortuna ese es el criterio que predominó en la convocatoria que la Sociedad de
Mejoras de Pereira-ProRisaralda y el Comité Intergremial en coordinación con el alcalde
Mauricio Salazar, hicieron durante toda la mañana del pasado jueves 27 de agosto.
Vean: articulación institucional 17 días después del terremoto. Lección por aprender
porque para siempre y sin remedio, habrá nuevos sismos. Y los terremotos, las víctimas y
las pérdidas están por encima de los egos y las diferencias, de la orilla que vengan, como
dijo Ana Milena Muñoz.
Ello nos obliga a ser menos reactivos, a tener estudiadas y planificadas las formas de
construcción en ciertas zonas de la ciudad, a ser totalmente estrictos en la aplicación de
las normas de sismo resistencia, a tener en la Alcaldía un departamento de Control Físico
acorde con el riesgo sísmico, y a definir protocolos propios de la organización que requiere
la asimilación de un “guarapazo” de la magnitud del pavoroso sismo del 10 de agosto de
2026.
Soy periodista y abogado que no ejerce, pero soy un pereirano que ha vivido los
terremotos que me son contemporáneos y siento que esta vez aprendimos que para el
próximo sismo, debemos estar más preparados.
No es hora de hacer señalamiento de culpables, pero aquí se han pasado por faja las
normas de construcción. No de otra manera se explica que en el área del colector Egoyá
haya tanto desastre de un lado y de otro, edificaciones intactas pero cuyas estructuras
saltan a la vista, cumplen los requisitos.
Debemos ser responsables y sinceros con nosotros mismos. El problema no es ni Egoyá, ni
las quebradas La Dulcera y La Arenosa. El problema somos nosotros. Nuestras malas
prácticas desde los trámites hasta la terminación de las construcciones y por supuesto, el
precario respeto por las 27 quebradas que habitan la zona urbana de Pereira y otro tanto
en la zona rural que están en alto riesgo como tantas veces lo ha dicho la Carder.
Lo que sigue es trabajar muy duro en la reactivación económica y la reconstrucción con
criterios de transformación urbana.

Abogamos por el retorno a la grandeza y a la pereiranidad. Para que al mejor estilo de los
buenos tiempos del civismo pereirano revisemos con sentido de pertenencia los
intereses comunes y pasemos de la crisis y los errores,

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