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jueves, mayo 23, 2024

No existe el derecho a la educación

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Como la izquierda siempre quiere engañar, debemos preguntarnos por lo oculto tras cada frase o cada reforma de Gustavo Petro. ¿Qué busca su reforma educativa cuando establece que cada etapa debe ser consagrada como un derecho fundamental desde preescolar hasta la universidad?

Con una anécdota me explico mejor. En mi facultad de medicina se presentó un debate porque un compañero afectado por progeria reprobó dos veces un año, motivo por el cual debía ser despedido según el reglamento. La progeria es un trastorno genético que produce envejecimiento prematuro. El compañero tenía unos treinta años, pero parecía de sesenta. Los estudiantes de izquierda defendían la tesis de que todo ciudadano tiene derecho a ser médico, sin importar sus condiciones mentales o personales, algo absurdo, pero esa es la “lógica” de la izquierda. 

Gustavo Petro piensa como los líderes estudiantiles de los años setenta. Además, al consagrar como constitucional un derecho inexistente, mediante una ley, tendrá vía libre, si la Corte Constitucional lo deja, para construir colegios y universidades en los sitios más apartados del país. Los contratos de construcción de colegios y universidades beneficiarán exclusivamente a los aportantes de su campaña política y él podrá reelegirse, en cuerpo ajeno por lo menos.

Su primer objetivo no dicho es acabar con la educación privada. Según Jorge Humberto Botero, en su columna de la revista Semana, ese fue el motivo por el que Petro echó al director nacional de Planeación, Jorge Iván González. Busca crear cinco mil cupos nuevos en universidades públicas, algo absurdo para el profesor González. Para que no queden dudas, el Artículo 37 de la Constitución izquierdista de Chile (el libreto del Foro de São Paulo) establecía la prohibición del lucro en todo el sistema de Educación Superior.

En el Informe sobre el desarrollo del Banco Mundial, citado por Moisés Naím en su último libro, “Lo que nos está pasando”, la escolarización no es lo mismo que aprendizaje; el aprendizaje es un derecho, no la escolarización; escolarización sin aprendizaje es una injusticia, la violación de un derecho y una oportunidad perdida; los más pobres son los más afectados por la baja eficacia del sistema educativo.

La explicación del fracaso de nuestra educación pasa por muchos determinantes que “van desde el hecho de que muchos maestros y profesores son tan ignorantes como sus estudiantes y que sus niveles de absentismo laboral son muy altos, hasta que los alumnos sufren malnutrición o que no tienen libros o cuadernos”.

Así como la progeria inhabilita para ejercer una profesión que tiene bajo su responsabilidad la vida de muchas personas, existen grandes limitaciones en los docentes y en los programas de adoctrinamiento estatal que convierten la escolaridad o un cupo, en una universidad pública, en un perjuicio, en un generador de desigualdad y en la violación sistemática del derecho al aprendizaje. La tragedia es más grave para los indígenas porque los saca de su cultura y los asimila a la nuestra con terribles consecuencias.

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