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miércoles, febrero 28, 2024

¡No asesinen nuestra ilusión!

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Uriel Escobar Barrios
Columnista

“Este premio es una oportunidad para que el país apueste por la construcción de una sociedad equitativa que ponga al medioambiente en el centro. Nos toca repensar cómo seguir garantizando la existencia, cuidando la vida y no ser mezquinos, porque cualquier decisión que tomemos afectará el espacio y el ambiente que les estamos dejando a nuestros hijos”. Estas palabras fueron pronunciadas por la líder comunitaria de comunidades afro, indígenas, campesinas y defensora del medioambiente Francia Márquez, durante el acto en el cual se le entregó The Goldman Enviromenmental Prize 2018, galardón que es considerado como el Nobel del Medioambiente. Este premio le fue entregado como reconocimiento a sus 20 años de trabajo arduo en beneficio de sus comunidades y por la defensa y conservación de los recursos naturales.

No obstante, este trabajo reconocido a nivel internacional tiene muchos detractores en Colombia. Por esa razón, el 4 de mayo del 2019, mientras adelantaba una reunión con delegados del Gobierno sobre mimería ilegal en la comunidad de Lomitas, en Santander de Quilichao, atentaron contra su vida. La situación que está viviendo Francia no es un caso aislado: el último informe de la Defensoría del Pueblo dice que hay un incremento de las amenazas a líderes sociales, que entre marzo del 2018 a marzo del 2019 se han registrado 982. Según el informe de la Oficina de Derechos Humanos de Naciones Unidas, en el 2019 han matado 29 líderes sociales y defensores de derechos humanos. ¡Pero los datos del Instituto de Estudios sobre Paz y Desarrollo (Indepaz) muestran que este número se eleva a 60!

Dichas cifras son un frío indicador que no refleja el profundo sufrimiento, la incertidumbre, el temor, el desplazamiento del que son víctimas quienes sueñan y luchan por vivir en un país más justo y democrático, en donde se respeten las diferencias de opinión, se reconozca el valor sagrado que tiene la vida humana y la protección de los recursos naturales. Esta es una lucha desigual, porque ellos tienen el poder y las armas; sin embargo, los líderes sociales cuentan con una fuerza que jamás se doblegará y al final será triunfante: el poder de sus convicciones, el amor y el servicio desinteresado por mejorar las condiciones de vida de sus comunidades y del país. Merecen nuestro apoyo, y los colombianos como uno solo debemos levantarnos y gritar con tal fuerza, que se escuche en los confines del universo: ¡Ni un líder social más asesinado; no nos dejaremos arrebatar nuestra ilusión de vivir en un país más justo e igualitario!

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