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martes, julio 23, 2024

Ni trizas ni risas

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Alberto Zuluaga Trujillo

Columnista

Un asiduo lector, amigo y además pariente, uribista pura sangre, quien, en la sala de su casa, a la usanza antigua entroniza, no al Sagrado Corazón, sino a Uribe y duerme con la foto de su jefe, debajo de la almohada, con ocasión de mi pasado escrito “El Acuerdo de La Habana”, acotó en una amplia red social, a manera de corrección, que Duque como candidato, respecto a los acuerdos, nunca dijo hacer trizas la paz, solo afirmó: “NI RISAS NI TRIZAS”. Al encarnar la candidatura se comprometió con ese grupo político a cumplir los propósitos de la campaña y fiel a esa representación, desde su posesión el 7 de agosto de 2018, no ha cejado en sus ataques, no solo desde el gobierno sino desde la bancada de su partido en el Congreso dirigido por su líder, Álvaro Uribe Vélez, a quien debe su elección por haber sido su señalado, cuando el expresidente era el amo dueño y señor de esta banana república. Pese a su obstinación, el acuerdo continúa vigente, siendo referente de ejemplaridad para el mundo. Y aunque el Centro Democrático y Duque no han podido hacer trizas el Acuerdo, pues ese era el propósito, según lo reiterado por Fernando Londoño Hoyos, escudero mayor de Uribe, sí han tenido éxito al no llevar a la práctica aspectos importantes de lo plasmado en el mismo. Según el informe del Instituto Kroc de Estudios Internacionales para la Paz de la Universidad de Notre Dame, que fiscaliza el desarrollo de 34 acuerdos de paz en el mundo, solo una tercera parte del Acuerdo Final de Paz en Colombia se ha implementado, y en puntos críticos como reforma agraria y desarrollo rural, dos demandas históricas que alimentaron el conflicto armado, el avance escasamente alcanza el 5%. Igualmente, el Bank of América señala, la preocupante desfinanciación de los distintos programas contenidos en el Acuerdo, pues se requiere una inversión no inferior a 5 mil trescientos millones de dólares al año durante la primera década de su vigencia, cifra que casi duplica los 2 mil ochocientos millones de dólares que destinó el gobierno en 2020. La Contraloría General de la República indicó en un reciente informe que, al ritmo actual de las asignaciones presupuestales para implementar el Acuerdo, el Estado Colombiano tardaría entre 26 y 34 años en cumplir con lo pactado, cuando lo estipulado por las partes fue de 15 años. Otro punto de inmensa preocupación es el de la seguridad de los excombatientes que hicieron dejación de sus armas y de los dirigentes sociales involucrados en el desarrollo de los programas, pues, a la fecha, han sido asesinados 297 exguerrilleros incorporados a la vida civil, fuera de los 1263 líderes sociales silenciados desde la firma del Acuerdo, 172 en el 2021. Según la firma Invamer – Gallup, Duque tiene la aprobación de apenas el 24% de los colombianos, siendo rechazado por las tres cuartas partes de la población, mientras su mentor, el expresidente Uribe, hasta hace poco el hombre más poderoso del país y el mayor detractor del Acuerdo de Paz, enfrenta un nivel similar de desaprobación, constituyéndose en la mayor sanción por este despropósito, propinado por la opinión pública. Los pasados guarismos electorales fueron una perentoria notificación al nuevo gobierno que, de no corregirse las grandes desigualdades nacionales que nos tienen en el primer puesto entre la OCDE y de segundo como la economía más desigual de América Latina, el presidente a sucederlo sería Petro, quién hoy por hoy lidera las encuestas. De no producirse un significativo hecho político que acabe con este juego de egos que motivó la presentación de 58 candidatos presidenciales, en su inmensa mayoría nada atrayentes, el país corre el peligro de ser gobernado por esa izquierda que el Centro Democrático por su torpe empecinamiento terminó afianzando.

alzutru45@hotmail.com

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