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jueves, abril 25, 2024

MUJERES INDÍGENAS EN RISARALDA Y PLANES DE DESARROLLO

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Todos los años escribo sobre la mutilación genital y la violencia a la que son sometidas las mujeres indígenas en Risaralda. El tema sigue igual. 

Risaralda es el único territorio en América Latina donde aún se practica la mutilación genital -ablación- femenina.  Suena fuerte y tal vez a algunos dirigentes políticos e indígenas de la región les molestará que se afirme con tal contundencia que una práctica tan cruel de violencia de género y que afecta los Derechos Humanos de las mujeres aún está vigente en este departamento. 

La cifra exacta sobre cuántas niñas son sometidas a la práctica de la ablación es incierta y sólo se hace visible la problemática cuándo por complicaciones de este procedimiento, y por otras consultas de salud (En hospitales) no asociadas al tema, los médicos identifican que han sido sometidas a esta práctica irregular.  Mónica Gómez Marín, profesional experta en Derechos Humanos con énfasis en comunidades indígenas, identificó y denunció en el año 2001 la presencia de esta práctica en la comunidad Embera de Risaralda. A partir de ese momento, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar – ICBF-, el Fondo de Población para las Naciones Unidas -UNFPA- y el gobernador de la época Carlos Botero, lideraron el  proyecto “Embera Wera”  que terminó en la firma por parte de las autoridades indígenas de la resolución 001 en el año 2009 en el que se comprometieron a suspender la práctica de la ablación. Sin embargo, 15 años después los casos continúan ocurriendo. No hubo continuidad, ni voluntad por parte de los gobernadores siguientes. 

Por otro lado y no menos grave, el subregistro que existe sobre el abuso, violencia contra las mujeres y el suicidio entre las comunidades Emberá es alarmante. El voz a voz en los municipios con presencia indígena da cuenta no sólo del abuso al que son sometidas muchas mujeres sino de niñas explotadas sexualmente. Finalmente, los risaraldenses hemos sido testigo de los problemas de mendicidad de mujeres, niños indígenas, quienes son sometidos a está práctica por miembros de sus propias comunidades. 

A pesar de ser un tema que requiere atención, la dirigencia regional no ha priorizado esta problemática para eliminar definitivamente la cruel práctica de la mutilación genital. Incluir acciones, indicadores y presupuesto en los planes de desarrollo que evidencie la voluntad política del gobernador, alcaldes y gobernadores indígenas para tener una “Risaralda libre de mutilación genital”, pero además que reconozcan el problema sobre la vulnerabilidad de las mujeres indígenas en Risaralda.  Frente a la mutilación genital, no sólo el tema está detallado en la Convención de Belén Do Pará como una violación a los Derechos Humanos de las mujeres, sino que es uno indicadores puntuales de cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible -ODS- Objetivo 5 (equidad de género, meta 5.3). En este marco, el argumento de no asumir este tema porque se considera injerencia en la jurisdicción indígena pierde legitimidad. ¡Es el momento!  

Finalmente, expresar apoyo a las comunidades indígenas, como constantemente los hacen los dirigentes departamentales, implica también un enfoque de género en especial en comunidades donde la voz y la representación de las mujeres es ausente.

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