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lunes, julio 15, 2024

Mitos urbanos

Es tendencia

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Héctor Tabares Vásquez
Columnista

Entrar en el análisis crítico y acervo, por decir lo menos, de un medio determinado, de las personas o las instituciones, no deja de constituir una utopía o un imposible, acertar o ser objetivo en el empeño. Siempre surgirá la inmediatez o el salirse del contexto, en el cometido de valorar o definir el perfil, cualquiera sea el que se quiera realizar. La primera equivocación en la cual incurrimos, empieza en ignorar o desconocer el origen, el entorno, el ambiente donde el punto de enfoque ha hecho el recorrido natural y obvio del ilustre sujeto. Así, verbi gracia, la imagen pertinente aparece en el cargo actual, en el evento del momento, en la calamidad del instante o en el encanto del triunfo o del éxito. En general y en lo particular, con el ánimo de darle lectura peyorativa a los acontecimientos en los cuales el individuo o fenómeno del caso, merece la atención  debida. Es la razón lógica en oír expresiones sensatas, desde luego, aisladas y muy distantes del común de las gentes, de una entraña diferente y a manera de confesión, de sinceramiento, dirigirse en tal sentido, exclamando haber sido injustos o no  comprendido o entendido del porqué de un obrar, un  parecer o comportamiento. De ahí el interés y la necesidad , en extremo, de imprimirle significado a la convivencia, para no derivar, al final, en las ocurrencias de carácter social y en especial, en el clima de zozobra y de inseguridad, motivadas en la polarización, el fanatismo y las oleadas de increpaciones hacia quien esté en la orilla contraria.

Quizá somos víctimas de una formación matizada de machismo, de discriminación odiosa, de mitos y de leyendas, de una serie de resabios y de caprichos  cada día ensartados en la maraña de una comunidad contemplativa, pasiva, a la deriva, predispuesta más a las contiendas de orden politiquero y partidista. Resulta, entonces, demasiado difícil zafarse de un nudo gordiano de las dimensiones anotadas, siendo ineludible e imperativo intentar una especie de lavado, de aseo mental, bajo otras circunstancias y coyunturas, como cuando vaciamos un tanque de agua obstruido y atorado, lleno de inmundicias o de basura. En etapas de la vida nacional, de periodos históricos  vividos, de  trajinar y experimentar múltiples sucesos de impacto, no queda otro escape, ni el camino apropiado pueda residir en uno diverso, al de una actitud no tan agresiva y mayormente comprensiva, respecto de aquellos puestos de frente a nuestras predilecciones, deseos  o tendencias. Inclinar la balanza en pro de una conducta orientada a resolver los problemas colectivos, allende las convicciones ideológicas, ampliando el horizonte del pensamiento, llevándolo a la consecución de logros de contenido totalmente distintos a los del ego y la soberbia y el orgullo. La existencia, en últimas, los frutos recogidos, no obligan a revestirse de remordimientos o de perdones y olvidos. Lo manifiesta lúdica y gráficamente el gracioso: “el palo no está para cucharas”.

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