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viernes, julio 19, 2024

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Por: James Cifuentes Maldonado

Enciendo la radio y me encuentro que están entrevistando al señor Camilo Gómez, ex comisionado de paz y abogado de la familia Pastrana, quien denuncia una supuesta persecución judicial en contra de Andrés Pastrana, aludiendo a una demanda de responsabilidad civil extracontractual que habría iniciado el presidente Petro en contra del expresidente por unas declaraciones que lo afectaron.  El señor Gómez repite varias veces que la democracia está amenazada, porque Petro está atribuyendo delitos a sus opositores por el solo hecho de opinar, lo curioso es que Gómez jamás explica qué fue lo que Pastrana dijo de Petro ni los entrevistadores se preocupan por precisarlo, y así se termina la entrevista.

Por situaciones como esta es que en la actualidad es usual encontrarse personas que tajantemente dicen no consumir noticias, que no escuchan radio ni ven informativos en televisión, las razones son la poca credibilidad y la desconfianza que les generan los medios tradicionales, en donde, uno como persona de buena fe, se pregunta, entonces cómo hacen esas personas para hacerle el seguimiento a los temas de interés nacional y local, cómo hacen para formarse su propia idea o criterio sobre los hechos que determinan la política y por tanto la toma de las decisiones.

La apatía y el distanciamiento frente al uso de las fuentes tradicionales de información es cada vez más creciente, en una dinámica que nos arrincona y nos lleva al escenario predominante, las redes sociales, pasando de “Guatemala a Guatepeor”, porque en las redes  reina la anarquía, todos dicen lo que quieren y nadie responde por la veracidad de sus afirmaciones ni la autenticidad de los hechos ni de las fuentes; allí lo que se vive es un permanente pulso, no por informar y llegar al fondo de cada cuestión, sino por causar sensación e impresionar a la opinión pública, con narrativas altisonantes y parcializadas, donde gana el que más barbaridades diga y el que hable más fuerte, en contra de los que no  comparten su forma de ver el mundo, en una pugna permanente protagonizada, por un lado, por la oposición (los que perdieron las elecciones) cuyo principal interés es no dejar gobernar y, de otro lado, por los que ocupan el gobierno pero que no muestran capacidad para ejercerlo.

En ese océano rojo de las redes, en relevo o como alternativa frente a los medios establecidos, proliferan los nuevos medios digitales, entendiendo que hoy por hoy cualquier persona con un smartphone y seguidores en WhatsApp, Instagram, Facebook, Tik Tok y “X” puede convertirse en “periodista”; éstos tienen a su favor la movilidad, porque pueden estar en cualquier momento, en cualquier parte y dar las primicias que ya no dan RCN o Caracol, pero tienen en su contra la falta de rigor, de preparación y de profundidad en el tratamiento de la noticia, sobre todo de las que tienen que ver con situaciones de complejidad técnica o jurídica. Su mayor éxito son las noticias de impacto, como las tragedias naturales, los accidentes y los hechos delincuenciales o de orden público, donde corre la sangre, para saciar el morbo de la gente a la que se le olvidó leer y solo le gusta lo facilito, ver videos y memes.

Aquí la noticia es que estamos mal y la cosa tiende a empeorar.

Para estar informado

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